lunes, septiembre 07, 2009

CALLEJÓN DEL NORTE




Como los certámenes literarios, los de pintura pueden servir para que el observador se haga una idea del estado de la cuestión; es decir, de qué es lo que un número más o menos representativo de cultivadores de ese arte creen oportuno hacer en un momento dado; lo que, por supuesto, no necesariamente coincidirá con lo que hacen los creadores más avanzados e innovadores, sean éstos quiénes sean, pero tampoco forzosamente ha de remitir a un estado del arte en cuestión que pueda considerarse regresivo o superado.

Algo de esto es lo que pasa en este premio de pintura rápida que todos los sábados primeros de septiembre, desde hace algunos años, se celebra en el hermoso y recogido casco antiguo de U., y al que acudo por segunda vez, a título exclusivo de espectador. Este año, con la excusa del calor, ni siquiera he recurrido al expediente de hacer algunos bocetos en un bloc de dibujo: me he limitado a sacar fotos, y a aprovechar ese pretexto para pegar la hebra con algunos de los participantes, o indagar sin parecer indiscreto en lo que se traían entre manos. Por supuesto, el hecho de encontrarme aquí se explica porque tengo amigos en el ajo, y mi deambular de curioso es mi manera de pasar el rato mientras ellos pintan, que es a lo que han venido.

Lo hacen en el recóndito Callejón del Norte, donde ha instalado su caballete J.A.M. y donde tiene su estudio el pintor J.L.M. En el interior de la casa hierve una enorme olla de garbanzos, de la que nos iremos alimentando sucesivamente, en tandas de dos, cuatro o seis, según, todos los que hemos elegido este lugar como punto de referencia. Mientras llega la hora de comer, deambulo por las calles del casco antiguo y me voy haciendo mi composición de lugar. Podría decirse que en esta clase de concursos hay quien viene a pintar lo que tiene delante y quien, simplemente, cumple el requisito de colocarse en la calle para pintar lo que muy bien podría haber pintado en su estudio. Esta distinción no tiene nada que ver con el grado de deliberación que pueda apreciarse en cada cuadro: para pintar lo que tiene delante, hay quien se lleva días o semanas premeditándolo, e incluso quienes, como mi amigo J.A.M., ha realizado algunos apuntes previos. Pero esos preparativos, entiendo, no tienen por qué condicionar el resultado; si acaso, sirven al pintor para agudizar la vista, delimitar su objeto, anticipar problemas. En pintura, como en literatura, conviene elegir bien el asunto; y, como también suele suceder en la literatura, casi ningún asunto vale demasiado por sí mismo, si no sirve para apuntar a ciertas grandes cuestiones que lo trascienden. No sabría decir cuáles son, ni en pintura ni en literatura, pero me atrevería a sugerir que, en la primera al menos, tienen que ver con la transitoriedad, con el misterio de la profundidad, la creación de una atmósfera y un espacio habitables, el dominio de la luz... Y quizá lo realmente interesante de ocasiones como ésta sea ver cómo algunos afrontan estos retos. Otros, aparentemente, ni se los plantean. Pero, como pasa en los certémenes literarios, la impresión de conjunto es lo que cuenta.

Con esa idea, me paseo al final de la jornada por la calle en la que se exponen los cuadros concursantes. Hago mis pronósticos. Me gustan, naturalmente, los de mis amigos: el de J.A.M, que es, como otros cuadros suyos, una mirada hacia arriba, que arrastra consigo la perspectiva e impone a todos los planos concurrentes -paredes, tejados, la espadaña de una iglesia-, con sus luces diversas, la necesidad de una armonía que no es sino la que impone la luz principal, de la que emanan todas las demás. El de J.L.M. se acoge a otro principio: el de, sin renunciar a la exactitud y el rigor de la pintura figurativa, buscar en la realidad reproducida un elemento de simplicidad, de reducción, de economía, que otros llaman abstracción. Su cuadro reproduce un tramo del propio Callejón del Norte, definido por el contraste entre luz y sombra y entre las diversas texturas concurrentes: la cal, la roca viva sobre la que se asientan los muros, el suelo de cemento. Y, como para introducir un elemento de vida en ese mundo áspero y mineral, un gato tumbado a la sombra, que podría ser primo hermano de K. (ella también es oriunda de estos pagos)... Me gustan estos cuadros porque, sin dejar de ser modestamente convencionales, como corresponde a la ocasión, son también, a su manera, ambiciosos y delicados, y parecen responder más a cuestiones que atañen a la sensibilidad de sus artífices que a las que pueden atraer la atención de un jurado. Digo yo.

Naturalmente, hay también, en esta calle atestada de gente que, milagrosamente, no tropieza con los caballetes, otros cuadros que me llaman la atención: uno que muestra un recodo de una calle en cuesta, en la que hay aparcadas unas motos, resueltas en un complicado escorzo cuyo virtuosismo, sin embargo, no empaña el asunto principal, que es, como decíamos antes, el de la transitoriedad, la luz, la soledad. También me gusta un curioso cuadro casi abstracto -una esquina, creo, o un trozo de pared- en el que predominan los azules.

Yo me hubiera marchado antes de conocer el fallo. Pero la curiosidad puede más que los buenos propósitos; y allí, encaramado a la pequeña rampa por la que meten las bebidas en el bar que es el centro neurálgico del concurso, oigo desgranar los premios y veo a los ganadores avanzar por la calle con el cuadro premiado en volandas. De mis preferidos, sólo han elegido el de las motos. Y quizá lo bueno de todo esto sea que, como no soy pintor, ni tengo intereses en este ramo, el resultado no me decepciona, pese a todo. Y me voy tan contento, que es de lo que se trataba.

5 comentarios:

JMGL dijo...

Yo te daría el premio a la concisión, pues en pocos párrafos has logrado retratar un fragmento de realidad muy agradable, tanto como esas mañanas de domingo en las que uno consigue perderse entre callejuelas o cuadros colgados o paradas de libros como las del mercado de San Antonio en Barcelona, donde estuve paseando ayer sin traerme nada a casa, salvo esa placidez que destila tu prosa.

Pablo Gallo dijo...

Muy sugerente y entretenido, José Manuel, este texto tuyo sobre la pintura al aire libre.
Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Básicamente, lo que cuento es un paseo, y me alegra que así se haya entendido, como también me alegra de que el texto le haya interesado a un profesional de la pintura. Saludos a los dos.

Gonzalo Durán dijo...

Me hubiera gustado disfrutar del paseo yo mismo y compartir contigo una cerveza, pero he de conformarme con tu paseo literario, que no es poco. Otra vez será.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Eso, otra vez será. Merece la pena.