martes, septiembre 29, 2009

A CIEGAS

Va uno a ciegas por el mundo. Me pregunta una compañera de trayecto cuántas paradas faltan para su destino. Y yo, que llevo años haciendo este recorrido, caigo en la cuenta de que no lo sé con seguridad. Para salir del paso, le digo que ya le avisaré cuando lleguemos. Y, como no me fío de mí mismo, interrumpo la lectura y me concentro en el trayecto. Mi actitud no debe de resultarle muy tranquilizadora a mi compañera de viaje. Dos paradas más adelante, vuelve a preguntarme: "¿Hemos pasado ya el campus?". Le digo que no, que queda aún una parada. Y, milagrosamente, esta vez acierto.

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Leído y releído el libro de Miguel d'Ors, tan pequeño y ligero de formato (y tan ligero, también, de espíritu), me encuentro que el que ha de sustituirlo -el segundo tomo de los diarios de Morla Lynch, que empecé hace unos días- pesa diez veces más y abulta otro tanto. Pero no puedo renunciar a los cuarenta y cinco minutos de lectura que me procura cada trayecto de autobús, así que deberé apechugar con él. El peso de la cultura, diríamos. De adolescente, yo creía que ese concepto se refería exclusivamente al malestar existencial que te procuraba la lectura de cosas como Werther, El extranjero o Crimen y castigo, pongo por caso, libros que me dejaron sumido en hondas y peligrosas melancolías. Ahora veo que se trata de algo más inmediato y, en el fondo, más llevadero.

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Siguen pasando barcos ante este ventanal. Sigue uno dejándose un poco el alma en cada uno de ellos.

3 comentarios:

JMGL dijo...

Yo veo desde el ventanal una buena porción de cielo, la fachada de algunas casas y la copa de un par de plátanos que dan sombra al patio. Mi alma, pues, está a buen resguardo.

RM dijo...

Hoy ha pasado uno rojo, pequeño, cerca de la orilla. Tan hermoso...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Adivino, RM, que tienes alguna ventana de tu trabajo orientada en la misma dirección.