lunes, septiembre 14, 2009

ESPAÑA, APARTA DE MÍ ESTOS PREMIOS

Cervantes logró que no se escribieran más libros de caballerías; y el sevillano-limeño-japonés Fernando Iwasaki ha escrito un libro que, si las clases letradas siguieran siendo tan sensibles a la sátira como en los tiempos de Cervantes, supondría la inmediata suspensión de la mayor parte de los premios literarios que se convocan hoy en nuestro país. Y eso que, estrictamente hablando, la sátira de los certámenes literarios que contiene España, aparta de mí estos premios, es sólo un medio, y no un fin, y lo verdaderamente puesto en solfa no es este entrañable mecanismo, que permite a muchos escritores en ciernes, y a otros que no lo son tanto, llegar a fin de mes, sino el tinglado institucional, social e ideológico que lo sustenta: esos indescriptibles ayuntamientos, grupos de presión y asociaciones de todo tipo dispuestos a pagar unos centenares o miles de euros al escritor que les entregue unas cuartillas ajustadas a las correspondientes "bases", en las que se pide sin pudor que se ponderen y/o exalten las glorias, bellezas, pretensiones y valores de la entidad convocante, sea ésta un municipio gobernado por una coalición absolutamente inverosímil (pero real), una asociación gastronómica o un colectivo feminista...

El innominado protagonista de este libro se las apaña para ganar un cierto número de estos premios grotescos, y lo hace siempre con el mismo cuento, convenientemente modificado para satisfacer los caprichos del convocante de turno. Pero, a a pesar de este loable propósito, todos estos cuentos incluyen elementos que desconciertan al representante institucional en los sucesivos jurados, porque si algo caracteriza a estos mecenas interesados es su absoluta falta de correa para admitir críticas o insinuaciones que parezcan poner en cuestión los intereses que representan y, sobre todo, los tópicos biempensantes con los que se justifican.

No queda títere con cabeza en este libro: la mera lectura de las bases de cada concurso y de los correspondientes "fallos" de cada uno de ellos incita a la carcajada, pese a que distan muy poco de los perpetrados en la vida real, así como la composición de los jurados, formados por escritores reales y muy conocidos, resulta tan hilarante como verosímil, incluyendo la reiteración de algún nombre en todos ellos... Real como la vida misma. Y desternillante. Y un poco deprimente, a la postre... Enhorabuena, Fernando.

2 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Espero que lo lean los miembros (siempre los mismos) de los premios literarios de este país. Aunque, ¿para qué?, si sólo verán un retrato ajeno. Un abrazo.

José Miguel Domínguez dijo...

Es una lástima, ciertamente, pero parece que esto de los premios es, en muchos casos, la única manera o aval de conseguir publicar obras literarias