miércoles, septiembre 09, 2009

LA VEDA

Leo en las memorias de Medardo Fraile referencias a personas (Fernando Quiñones, Vicente Núñez, incluso -ay- Alfonso Sastre) que yo también he conocido y tratado, y a las que el autor rememora en circunstancias y acontecimientos que tuvieron lugar a finales de los 50; lo que me causa ese mismo vértigo que cuando, en la infancia, restaba al año en curso la edad de mi abuela y constataba que aquella venerable persona que tenía delante, y que a veces me daba un duro para caramelos, tenía vivencias y recuerdos que se remontaban al siglo anterior. Yo también soy ya de otro siglo, y ciertas lecturas no hacen sino confirmar esa insoslayable filiación.

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También en las memorias, como en cierta clase de cuentos, pesa a veces más lo que se calla que lo que se dice. Lo referente al mencionado A.S., por ejemplo (véase lo que escribí sobre él hace unos meses).

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Sin salir del género biográfico, no quiero dejar de señalar la certera crónica que leo en Fuera de serie, el suplemento del diario Expansión, sobre el inminente estreno de la película que han hecho sobre la vida de Jaime Gil de Biedma. Me temo lo peor, y por eso me identifico con los resquemores que manifiesta la citada crónica, que firma un tal Javier Velaza. Sólo que, si la memoria no me engaña, comete un error: Dionisio Cañas, que antologó al poeta pocos años antes de la muerte de éste, no respetó su expreso deseo de que no se hiciera explícita su inclinación sexual en el prólogo de dicha antología, y fue quien abrió la veda. No es que en los ambientes literarios se ignorase este aspecto de la personalidad del poeta, ni que a éste pareciera importarle; pero lo que no quería era que ese asunto se convirtiese en moneda común en el medio escrito, que es justo lo que sucedió. Ahora esta película ahonda en esa innecesaria invasión de los límites de la privacidad, y desvirtúa lo único que, a estas alturas, quizá merecería la pena preservar libre de interferencias: la voz del poeta, tal como quedó expresada en sus poemas.

2 comentarios:

BACO dijo...

Buenos días, José Manuel.
Qué cierto es que en los cuentos es más importante lo que se calla que lo que se dice.

Tan sólo unas palabras para decirte que he usurpado un cuento de nuestro común amigo Hipólito que publicaste en La ronda del libro. No me he podido resistir.

En todo caso, muchísimas gracias.
Un abrazo,
Esteban Gutiérrez

http://ellaberintodenoe.blogspot.com/2009/09/un-cuento-de-hipolito-g-navarro.html

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No creo que a Hipólito le importe. Por mi parte, no hay problema; al revés, me alegro de que se muevan un poco las páginas de mi viejo periódico literario. Un saludo.