miércoles, septiembre 02, 2009

QUIÉN

A los pocos minutos de mi llegada, me entero de que X. ha sufrido una grave enfermedad este verano y está aún hospitalizado. En la calle, Y. me comenta que ha sufrido tres cólicos nefríticos. Pocos minutos antes, Z., con quien he bromeado sobre su recién estrenada situación laboral, más tranquila y menos comprometida que la que deja, me comenta que en los próximos días habrá de someterse a un reconocimiento del que quizá dependa incluso su continuidad como trabajadora en activo... Supongo que siempre ha sido así, y que el reencuentro con un grupo humano al que uno no frecuentaba desde hacía dos meses conlleva, necesariamente, la constatación del deterioro, las enfermedades, el envejecimiento de quienes lo integran. Es el único cambio verdaderamente perceptible, porque todo lo demás (los parabienes, los besos, los rituales de bienvenida) se mantiene idéntico a sí mismo con una terquedad que uno quisiera, mejor, para otras cosas que sí se han perdido: el entusiasmo, la sinceridad, la confianza. Somos más viejos y, seguramente, peores de lo que éramos. Y no sé qué es lo que celebramos con tantos aspavientos cada vez que volvemos a reencontrarnos.

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La música, la marcha segura de estos versos de Measure for measure: capaz de imponerse, incluso, al traqueteo del autobús.

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El maullido de saludo de K. (moooo - á), a nuestro regreso, tiene casi la misma modulación que nuestro modo de decirle "Hooola". Con lo que cabe preguntarse quién imita a quién.

2 comentarios:

Olga B. dijo...

La naturaleza imita al arte, sin duda, y quiere convertirnos a todos en pinturas negras.
Saludos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Me alegra que "leas" también la imagen, Olga. Aunque a veces son un poco obvias, y siempre saqueadas de ese pozo sin fondo que es Internet, no dejan de tener su intención.