martes, septiembre 22, 2009

REQUISITOS

La ligereza aparente de la poesía de Miguel d'Ors casa bien con la también aparente inconsecuencia de las horas que uno pierde (no del todo, en fin, gracias a la lectura) en este autobús. Entre el trayecto de hoy y un hueco en mi horario de trabajo despacho casi entera la antología que ha publicado recientemente en Renacimiento, El misterio de la felicidad. Comienzo, como suelo hacer en estos casos, por la sección de poemas inéditos en libro. Y me sorprende el que empieza así:

Mira que es ordinaria y gorda. ¡Y esa falda!
Seguro que se llama Encarni o Chary
(no serás tan cenizo de suponerla Yénifer).
Seguro que se sabe todos los culebrones.
Seguro que habla
azín -y con el chicle
asomando por medio de cada tontería...

Supongo que no es procedente ni legal copiar el poema entero. Que termina, no sé si previsiblemente, pero sí muy oportunamente, con un giro hacia la melancolía. Lo leo en este autobús en el que viajan no pocas Encarnis, o Charis, y en el que uno macera, junto a ellas, no pocas melancolías, hoy convenientemente puestas en música.

***

Lo que más me llama la atención de esta película española presuntamente de terror -El bosque en sombras-, que veo sin muchas ilusiones en la ya malherida noche del domingo, es la desfachatez con que plantea la consabida escena de desnudos de la que ninguna película española rodada en los últimos treinta años puede carecer. No me considero nada remilgado en estas cuestiones y, como cualquier hijo de vecino, disfruto con la contemplación más o menos inmotivada de la belleza femenina. Pero que, en medio de este desabrido drama de violencias rurales, Aitana Sánchez-Gijón le diga a la otra protagonista: "¿Sabes qué te digo? Que me voy a dar un baño en el río", y las dos sin más se despeloten, y pierdan las bragas (sic), mientras la cámara se retira a la maleza, como para dejarnos en posición de mirar sin ser vistos, me parece... una tontería. Como me lo parecen la mayoría de las situaciones de esta clase que se prodigan en el cine español. Qué aburrimiento.

***

Si alguna vez me ofrecen escribir el guión de una película, ¿qué pretexto pondré para que se desnuden los protagonistas? No sé, quizá un reconocimiento médico en un campamento de la Sección Femenina, por eso de cumplir también con el requisito de hablar de la Guerra Civil, o de la posguerra.

4 comentarios:

Javier de Navascués dijo...

Eso te pasa por ver cine cien x cien español...Soporífero y previsible, salvo raras excepciones.

José Miguel Domínguez dijo...

El cine español regurgita su propia mediocridad, inseparable de su sectarismo y de su adhesión a lo políticamente correcto. El sábado vi "Lacombe Lucien" de Malle, y me admiraba por comparación la valentía del director en explorar los tabúes históricos de su país. Por cierto que me acordé de tu artículo "Usted": en una escena un digno judío le decía "¿Por qué me tutea Vd.?" a un nazi francés que le interpelaba despectivamente; quizás un contagio de dignidad llevaba luego al joven colaboracionista Lucien, testigo de esta última escena, a espetar un "no me gusta que me tuteen" a un nazi alemán poco antes de matarlo. En fin, la recuperación del "Usted" en las aulas -que es una polémica que nos viene de Francia, donde el uso del "Vous" es mucho más vivo que aquí- no me parece más que un parche más para tapar la verdadera y necesaria reforma de las estructuras y leyes educativas.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Lo de las exigencias del guión se hizo famoso por las exigencias del espectador, que estaba más empinado que las lanzas del cuadro de Velázquez. Hoy parece que la cosa del empinamiento, aceptame la bordería semántica, no casa con los tiempos en los que estamos, pero tu ejemplo (que recuerdo por haber visto la peli que citas) destroza toda teoría.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Lo de las "exigencias del espectador" es muy acertado: de una película española recomendada para mayores de 13 años se espera que muestre unos cuantos desnudos y escenas eróticas, y pocas incumplen las expectativas. Insisto: no lo critico por puritanismo, sino por lo burdo que resulta a veces el mecanismo de inserción de esas escenas.