miércoles, septiembre 30, 2009

UN HOMBRE BUENO

Por las bitácoras de algunos amigos me entero de la muerte de José Antonio Muñoz Rojas, a pocos días, dicen, de cumplir los cien años. No haber alcanzado esa cifra redonda le supondrá una cierta merma en la atención que vayan a dedicarle los medios informativos. Lo que, después de todo, casi puede considerarse un último gesto de su elegantísima discreción. En su obra hay unos cuantos títulos singulares, quizá no todo lo conocidos que merecen, pero sí lo suficientemente estimados por un número creciente de buenos lectores: Las cosas del campo, en primerísimo lugar; y La gran musaraña, y Ensayos anglo-andaluces, y Cantos a Rosa... Además, cabe atribuirle un logro no demasiado frecuente en la literatura española de los últimos tres cuartos de siglo: haber sentado plaza de hombre bueno. Por suerte, hay testimonios de ello. Las cartas que le dirigió Vicente Aleixandre, por ejemplo, que tuve la suerte de reseñar en su día, dejan constancia del celo con el que el destinatario de las mismas ayudó durante años a la viuda de Miguel Hernández; y en la biografía de éste último que hizo Miguel Ferris en 2002 se habla de la amistad entre los dos poetas, y de cómo el más joven intentó repetidamente interceder por la vida del otro, preso y enfermo y al borde la la muerte. Son sólo pinceladas, con las que me forjo una imagen de una persona que por muy poco no llegué a conocer (sólo lo vi una vez, cuando presentó en Jerez un libro de mi amigo José Mateos), pero que me queda bien cercana por el testimonio de otros que sí lo han tratado. Descanse en paz.

3 comentarios:

Kris Kelvin dijo...

Hermosa entrada. descanse en paz , JAMR.

Echaremos un rezo por él, aunque temo que por lo que conozco, y tú confirmas, no le va a hacer mucha falta.

Saludos

Mery dijo...

No se ha aireado su muerte como debiera; yo me he enterado de pura casualidad también.
Me gustaría dejar aquí cuatro versos de su "Dios de lo alto", con el que quizás ya se haya encontrado:
"Hay cosas que me aburren:
los espárragos, las fábricas,
las reuniones y la política,
aquello donde el hombre aparece y no se le encuentra."

Un abrazo

Antonio Carrero Acuña dijo...

Sin duda un sabio, solo los sabios llegan a conocer la bondad. He conocido a muchas pesonas inteligentes y no todos eran buenas personas, pero todos los seres generosos que he conocido sin eran inteligentes