viernes, septiembre 18, 2009

USTED

No sabría uno decir cuándo empezó a generalizarse la costumbre de que los estudiantes tuteen a los profesores. El Defensor del Pueblo acaba de decir que este hábito está en el origen de muchos comportamientos indeseables de los adolescentes, tales como emborracharse en la calle los fines de semana e ignorar el principio de autoridad, y lo achaca a la dejación de responsabilidades por parte de padres y profesores. Pero hace uno sus cálculos y acaba llegando a la conclusión de que, dada la edad de este Defensor del Pueblo, y su trayectoria, bien pudiera encontrarse entre quienes, hace un cuarto de siglo, o quizá más, vieron con buenos ojos que en las escuelas se les apeara el tratamiento de respeto a los profesores, y consideraron un signo de libertad reconquistada el beber en las calles. Gobernar una ciudad en la que la calle se convirtiera en una gran fiesta cada fin de semana se consideraba entonces una muestra de calidad democrática, y se hablaba de la “movida” de Madrid, de Vigo, de Valencia, etc. con el mismo orgullo, o más, con el que podría uno referirse a los museos y monumentos que pudiera haber en esas ciudades, o a la vida cultural que pudiera tener lugar en ellas. Es más, “movida” festiva y cultura pasaron a ser la misma cosa, e idéntica consideración merecía el estreno de una película de Almodóvar, pongo por caso, que la celebración del Día del Cubata… Por lo mismo, parecía muy avanzado y democrático (y todavía se lo parece a algunos) que las clases de un instituto remedaran los modales de las asambleas de estudiantes del tardofranquismo, y se miraba con malos ojos al momio trajeado que pretendía mantener las distancias con los alumnos y les exigía a éstos el tradicional tratamiento de respeto…

No digo que estas cosas estuvieran mal. Durante unos años, incluso, estos comportamientos parecieron obedecer a un sincero y sentido afán de recuperar espacios perdidos, y es posible incluso que, en algunas aulas, determinados alumnos no sólo dejaran de hablarles de usted al profesor, sino también se atrevieran a discutir con éstos, de igual a igual, sobre los grandes asuntos entonces en candelero: la democracia incipiente, la cultura recién emancipada de la censura, las también recién estrenadas libertades… Y es posible también que, en esos debates sin precedentes, algún profesor quedara desbordado y desconcertado por la irrupción de los nuevos tiempos.

Esas urgencias de entonces parecen haberse calmado ya. Pero la generación que ganó esa batalla no quiso ocupar sin más el lugar de la desplazada y no reclamó la autoridad que le correspondía. Cada época arrastra sus complejos. No creo que por recuperar el “usted”, en fin, vayamos a solucionar los problemas presentes. Pero que lo reclame alguien de la edad del actual Defensor del Pueblo llama mucho la atención. Ya es algo.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

1 comentario:

Andrés Pérez Domínguez dijo...

Tal vez sea un primer paso, aunque no sé si servirá de mucho. Yo, si fuera un profesor, preferiría que me hablaran de usted.
Un abrazo,