jueves, septiembre 03, 2009

VANIDADES

Sí, a lo mejor da en el clavo Medardo Fraile con este bárbaro neologismo de su cosecha, y el aburrimiento efectivamente no es más que aburramiento. El de esos jubilados que, después de años detestando la rutina laboral que estaban obligados a cumplir, no saben qué hacer consigo mismos cuando se libran de ella. A veces me digo que eso no me puede pasar a mí. Que quien se distrae con libros, películas, música y una especie de apreciación entre estética e intelectual de ciertos placeres sencillos, no puede aburrirse nunca. Y que ha merecido la pena cultivar esas capacidades. Pero...

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No, yo nunca me aburro. Sólo me canso de mí mismo.

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El empleado de la óptica a la que he ido a que me reparen las gafas averiadas me ha reconocido. "Usted es B.A., el que escribe en el Diario." Y uno, que no es inmune a las vanidades de este mundo, se esponja un poco y trata de sacarle algún partido a la fama: "A ver si pueden hacerme un apaño mientras llega la pieza. Sin gafas, no puedo trabajar". Y el empleado, dándose por enterado de la importancia y trascendencia de esos trabajos de uno, hace el apaño solicitado y, tirando de piezas sacadas de otras gafas, me deja las mías en condiciones de uso, mientras llega el recambio... Con la vista de nuevo operativa, sí, pero con la autoestima y demás afecciones leves del ego un tanto desorbitadas.

2 comentarios:

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Cansar de uno mismo es hasta recomendable. Yo llevo años sin ubicarme, sin darme más relevancia de la que tengo, sin tener certezas salvo las muy fundamentales y más domésticas. Aburrirse es un oficio habitual en quienes no disponen de vicios. Me encantan los vicios. Hay adicciones que te salvan la vida. Leer, ver cine, oir música, básicamente. El colesterol alto me pide que rebaja las grasas, la cerveza y que dé paseos largos. Tengo amigos que sin combatir grasa alguna se ponen a sudar como locos. No es mi caso, aunque estoy dispuesto al sacrificio. Si el chasis se jode, no hay vicio que meterse en vena. La vanidad es connatural al ser humano. Una vez recuerdo flirtear con cierto éxito: todo porque la pieza flirteaba, hablemos en estos términos, había asistido a un recital poético que di en un instituto en Córdoba. Eran otros tiempos. Sin colesterol, con otra edad. Pero conforme uno se hace más viejo (estoy en los 44) más amortiza los años entregados a esos vicios, benditos vicios, José Manuel. Así que lo de aburrirse no entra en mis cálculos y me faltan horas para hacer todo lo que me gusta. La rutina, en su extremo, es mala. En el prudente término central es fantástica. Acabo de empezar a trabajar (soy maestro) y precisamente hoy acabo de acumular trabajo en casa. Libros nuevos: poesía de Benedetti y un "grandes éxitos" de cuentos norteamericanos. ¿De dónde saco el tiempo? Naufrago en el insomnio, le quito horas al sueño, irrito a mi mujer, que me pide cabeza para no enfermar de esos vicios. Es difícil, no obstante, el temple. Y encima se van acumulando esos "vicios"

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Sí, esa clase de vicios (como todos, me temo) va siempre a más. Pese al colesterol.
Un saludo.