miércoles, septiembre 23, 2009

VESTIR AL DESNUDO

No es un tópico: no hay barco que, visto en el horizonte, no invite a fantasear con la posibilidad de ir en él. En cuanto a la inversa, no estoy tan seguro: vistas desde el mar, algunas ciudades deben de resultar tan poco acogedoras como los extrarradios que se entrevén, a veces, desde las ventanillas de un tren. Cuando se viaja en este último medio, qué poco apetece bajarse en según qué sitios.

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Hoy día el precepto bíblico de vestir al desnudo tendría que ser reformulado: el verdadero acto de caridad sería desnudar al vestido; es decir, invitarlo a unirse a la caterva indolente que remolonea, por ejemplo, en una playa, mientras quienes no tienen tanta suerte van de aquí para allá, vestidos y calzados, y abrumados de obligaciones.

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España sufre. Diarios de guerra en el Madrid republicano, de Carlos Morla Lynch. Leo el prólogo de Andrés Trapiello. Y discrepo con él sólo en un detalle: la entrega anterior de estos diarios, En España con Federico García Lorca, no se limita a mostrar "el espectáculo de un mundo feliz" precisamente, aunque el mero recuento de las actividades a las que dedican su tiempo el autor y sus amigos apunten en ese sentido. Sí, es cierto que Morla y sus invitados se pasan los días tomando cócteles y cantando alrededor del piano. Pero también queda bien patente el fondo de melancolía que subyace a estas expansiones (Morla acaba de perder a su hija Colomba), y la creciente lucidez con que el autor asiste al deprimente espectáculo de la política republicana y al rápido deterioro del clima social y político. Ésas, al menos, fueron mis impresiones cuando leí ese tomo, de las que dejé amplia constancia en este cuaderno. Ahora me dispongo a leer el segundo, para lo que este magnífico prólogo me deja en la mejor de las disposiciones.

4 comentarios:

JMGL dijo...

Puede darse el caso también de ciudades que nos atraigan desde fuera, pero que una vez estás en ellas provocan rechazo no tanto porque sean feas, sobre todo porque resultan poco acogedoras (caso de Túnez, por ejemplo); aunque claro, aquí cada uno responde según sus gustos.

José Miguel Domínguez dijo...

Yo he tenido esa misma sensación esta verano pasado haciendo un crucero. Algunos puertos de atraque resultaban descorazonadores y muy poco atrayentes; otros, los más pequeños, como Villefranche, parecían acogerte como si parte del pueblo marítimo se hubiera internado en el mar.

Luis Valdesueiro dijo...

Los Diarios de guerra me parecieron un documento impresionante, y a ras del suelo. El contraste con el anterior volumen deja un regusto amargo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Me llega muy bien recomendado, Luis, y las primeras páginas, las que narran el veraneo interrumpido en Alicante, no desmerecen de esas recomendaciones.