lunes, octubre 19, 2009

AVISOS A LOS NAVEGANTES

Despacho varios encargos a lo largo del fin de semana. Soy básicamente un jornalero de la literatura. Con muy anchas espaldas, además. Y lo peor de todo: disfruto con ello.

***

Entra uno en este recinto en el que al cuarto de los trastos lo llaman "pañol" y se le dispara la imaginación. Me acuerdo de mis bregas con el Diccionario de términos marítimos del almirante Barbudo, mis idas y venidas a diversas bibliotecas -entonces no había Internet, o yo no lo tenía- para enterarme de qué era una regala, por ejemplo, cuando traducía a Conrad; o mis consultas a mi amigo y pariente J.R., marinero en tierra, para que me explicase qué demonios es "fondear a muerto", entre otros detalles que daban vida a los poemas marinos de Melville que traduje hace un par de veranos... La literatura del mar, por así decirlo.

Pero me bastan unos minutos en este lugar para convencerme de que aquí hace tiempo que se inmunizaron contra el lado poético del asunto. Con todo, cultivan una muy buena prosa: hacen mapas. Los chicos a los que acompaño en la visita hacen lo posible por seguir las explicaciones que les dan, pero mucho me temo que no saben qué es un pecio, por ejemplo, o una derrota, términos que nuestros anfitriones no se dignan explicar. Uno de ellos sí ilustra su exposición con un caso práctico, usando una carta electrónica: en el ordenador -ese lenguaje sí lo entienden mis alumnos- aparece la derrota pedida por un hipotético barco que desea salir de puerto: vemos dibujarse una autopista en medio del mar. "¿Y qué pasa si uno se sale?", pregunta uno. "¿Te ponen una multa?". Otro sí lo ha pillado, a la primera: "No, tío, lo que pasa es que te la pegas".

Pero lo que más gracia me hace es el departamento donde imprimen el boletín de Avisos a los navegantes. He oído tantas veces esta expresión en sentido figurado, y casi siempre en un tono entre sarcástico y amenazante, que me cuesta entenderla en su sentido literal: son los avisos por los que la autoridad marítima periódicamente informa de las incidencias que se han producido en determinados puntos de las zonas que controla. Hoy día los navegantes actualizan estos datos mediante un cedé, o vía satélite. Pero es mucho más hermoso el método tradicional: el navegante ha de tener la paciencia de recortar los mapitas que incluye el boletín y pegarlos en sus cartas marinas. Una carta marina bien trabajada termina siendo, con los años, una especie de collage.

Todo esto sucedió el jueves pasado. Lo anoto antes de que se me olvide. La memoria de uno tiene mucho, también, de mapa lleno de parches.

***

Y dos expresiones, por lo mismo. Ésta que me proporcionan los viejos de Guadalcacín, a los que ese mismo jueves di una lectura literaria -quiero decir que les conté un cuento de Chéjov, les leí varios apuntes de este cuaderno y un par de poemas y, sobre todo, les insté a que hablaran ellos, lo que no me costó mucho trabajo-: a un trozo de pan en el que se ha practicado un agujero en la miga, para llenarlo luego con aceite, sal y vinagre, lo llaman aquí "gazpacho en pie".

Y ésta otra, oída el sábado a una mujer, mientras intentábamos sortear una calle en obras: "Esta mujer (por la alcaldesa, responsable última de esas obras) tiene la ciudad hecha un equinoccio" (¿un estropicio, quizá?).

4 comentarios:

FELIPE BENÍTEZ REYES dijo...

Fantástico eso de "gazpacho en pie".

JMGL dijo...

"Esta perra tiene el chorro flojo", dicho por mi suegra, que es Manchega.

PARISINA01 dijo...

Muy agradable tu espacio, me hago tu fiel seguidora, ojala tengas un minute y pases a visitarme
Saludos amistosos.

Mery dijo...

Me he acordado de unos versos que leí un día: "no hay nada mas poético que una carta de navegación". Creo que decía así.