miércoles, octubre 28, 2009

BOMBONES

El tiempo libre tiende a compactarse. No hay modo de abrir un hueco en él. El otro, en cambio, el de las obligaciones, suele estar lleno de respiraderos. Este cuaderno, y casi todo lo aparejado a él, pertenecen más a lo segundo que a lo primero. Dedicar una parte de una mañana de domingo, por ejemplo, a anotar algo en él me suena a escamoteo. Dedicarle, en cambio, unos minutos de estas tardes previamente asignadas a mil cosas me resulta de lo más natural. No hay nada tan urgente que no puede demorarse media hora, hasta que no haya puesto al día mis cuentas personales. Ni nada tan superfluo, en fin, que no parezca más insoslayable que cualquier cosa que pueda anotar aquí en una mañana festiva.

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En una mañana festiva me leí el libro de Olga Bernad, Caricias perplejas. La lectura de poesía, digan lo que digan los panegiristas del género (entre los que no me encuentro, pese a cultivarlo), es siempre superflua. Por eso es un lujo y un placer. Luego puede tener otras utilidades añadidas, no digo que no. Pero lo verdaderamente lujoso, e incluso lujurioso, de la poesía es su gratuidad. Un poco de sol, unas horas de ocio absoluto, un cierto trasiego en la casa, del que previamente te has desentendido, porque la vida en familia admite estos pactos tácitos... Leo estos poemas en los que tan claramente se manifiesta el gusto de escribir more metrico, con naturalidad y sin aparente esfuerzo. Hablar en endecasílabos, como se dice que los castellanohablantes tendemos a hablar en octosílabos -yo creo que eso sólo ocurría antes de Garcilaso-. Olga Bernad tiene ese don de la métrica interiorizada, hecha ritmo del hablar; y ello, sin que en su poesía haya demasiados elementos que apunten a eso que se ha llamado "tono conversacional", y que tantas veces ha degenerado en un amaneramiento más, o en objetos verbales tan acartonados como los "monólogos dramáticos" de Robert Browning, que tanto gustaban a Cernuda... No: la poesía de Olga Bernad no apunta a esa ficción, se conforma con ser palabra gozosamente entregada a su ritmo. Es retóricamente abundante, a la manera en que lo era la poesía del mejor Neruda o de Miguel Hernández, pero su retórica nunca parece superflua o innecesaria. Si acaso, concuerda con la sensualidad que aflora en algunos de sus poemas. No en vano en este libro se habla de "caricias" desde el título mismo. Uno lo ha leído con curiosidad, primero, luego con placer y creciente entusiasmo. Y lo cierra con la satisfacción de quien constata que, si bien todo se ha dicho ya, como dicen algunos, siempre es posible añadir una modulación personal a lo ya dicho.

A Olga Bernad la descubrimos en este mundillo de los blogs, que muchos juzgaban poco menos que la perdicion de quienes habíamos caído en semejante vicio, agravado además por la circunstancia de que quienes escribimos en este medio eludimos las dos grandes consideraciones de respetabilidad de las que suelen blasonar los escritores: la publicación de libros y/o la remuneración por la labor realizada. Escribir gratis y tener lectores que no compran libros. Vaya negocio. Y, sin embargo, de este semillero empiezan a salir buenos frutos. Uno es éste. Y no el único, por cierto.

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Bombones blandos. Hace todavía demasiado calor. Pero los rituales íntimos entienden poco de climatologías y calendarios.

8 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Hoy quisiera comentar dos cosas. En primer lugar, que me parece una crítica muy acertada, merecida, profunda y brillante del libro de Olga, y en segundo lugar, que al leer el título pensé que te referías a otro tipo de bombones.

Un abrazo.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Una muy buena valoración del tiempo "útil", de cuya cuadriculación se acaba uno volviendo esclavo; y un buen aliciente también para seguir dedicándole tiempo a escribir un blog. Enhorabuena, José Manuel.

Olga B. dijo...

Gracias por el bombón que me toca, que me ha sabido a gloria, la verdad;-)
Me ha gustado muchísimo esa atenta y benevolente lectura, sobre todo el hecho de relacionar la métrica con la entrega al ritmo del pensamiento y la palabra. Te aseguro que así fue en mi caso al escribir este libro. Nunca hubo preocupación por el número de sílabas; sí la hubo, sin embargo, por ser fiel a una música que acudía a mi pensamiento con naturalidad. No pienso traicionar mi propio "ritmo". Es curioso porque, recientemente, en una entrevista, procuré explicarlo y me salió mucho peor que a ti. Ojalá hubiese leído tu reseña antes;-)
Usé internet porque está para eso, y porque no tenía ningún otro medio a mi alcance. Procuré hacerlo con dignidad y no creo que el medio defina los contenidos. Tampoco el mundo editorial está libre de pecado, supongo.
Me alegro mucho de haberlo hecho.
Mil gracias, José Manuel, para mí estos bombones han sido un regalo delicioso.
Un abrazo.

Jesús Aparicio González dijo...

José Manuel, me ha gustado pasar por tu blog y leer alguno de tus artículos.
Mi enhorabuena.

Un abrazo

http://jesusapariciogonzalez.blogspot.com/

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bienvenido, Jesús. Gracias por la visita, que te devuelvo de inmediato. Ridao: ¿no nos llamarían la atención, por incorrectos, si llamáramos "bombones" a los bombones de ese otro tipo que dicen? José Miguel: el comentario, efectivamente, pretendía valorar esos espacios de tiempo prisionero en los que, sin embargo, nos sentimos tan libres, entre una obligación y otra. Y Olga: me alegra que te haya gustado mi comentario, que no es más un sincero acuse de recibo de un buen libro. Saludos a todos.

José Miguel Ridao dijo...

Hombre, José Manuel, si entran ya en nuestros blogs para llamarnos la atención es para salir corriendo: la profecía de Orwell hecha realidad 25 años después.

Rosario Troncoso dijo...

Los bombones son pequeños pedazos de pecado, más aún cuando se está a dieta... por eso me gustan tanto, aunque estén blandos. Total, con mis ganas los voy a derretir igual.
Gracias José Manuel, por estos retales de vida tuyos que alegran mis domingos por la tarde (aunque hoy sea lunes, es víspera de lunes de todos modos, aunque mañana sea martes) en los que tengo el hábito de sentarme a leerte y ver las entradas atrasadas a los blogs que más me gustan.
Un beso, y enhorabuena siempre por tu blog.
Ya sabes que lo tengo enlazado al mío, y que lo guardo en un rinconcito de mi ático gatuno.
Acaricia a Kokoro de mi parte.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Lo haré, Charo. Y me encanta que me leas con ese detenimiento de tarde de domingo. Yo también me paso de vez en cuando por ese ático tuyo, donde tan a gusto se sentiría K.