viernes, octubre 30, 2009

CARO DIARIO

Yo creo que el correo electrónico se ha inventado para satisfacer nuestra vanidad. Lo abre uno a media tarde, pongo por caso, y se encuentra con que se han acumulado una docena de mensajes que contestar. No es que sean urgentes ni importantes: naderías amistosas, inoportunidades profesionales. El correo ordinario nunca nos había dado motivos para sentirnos tan solicitados. Y se pone uno a contestar esos mensajes con el aplomo y soltura con el que se suponía que Rebecca, la primera señora De Winter, se sentaba ante su escritorio a despachar su correspondencia, según la malvada ama de llaves se encarga de hacerle saber a su nueva señora, que no consigue imaginar de qué demonios podían tratar las cartas de su predecesora... Mantener una correspondencia no era moco de pavo. Había que tener fincas que administrar, lejanos proveedores a los que hacer encargos, amantes solícitos, asociaciones cívicas que esperasen nuestro voto o nuestro consejo como agua de mayo, sesudos corresponsales con los que departir sobre asuntos artísticos o filosóficos... No es que uno haya logrado tener nada de eso. Pero el caso es que te llaman para cenar y no tienes el más mínimo reparo en decir: "Un momentito, que estoy contestando mi correo". Como el mismísimo vizconde de Chateaubriand.

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Quizá mi único corresponsal digno de ese nombre, ahora que me paro a pensarlo, sea este cuaderno.

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Y lo dejo, porque, si me descuido, voy a empezar a escribir: Caro diario... al comienzo de cada una de estas entradas.

6 comentarios:

Leer Gratis dijo...

"El correo ordinario nunca nos había dado motivos para sentirnos tan solicitados" jajaja este comentario es increíble. Nada más cierto!

Comparto tu reflexión, nunca me había detenido a pensarlo de ese modo y llevas toda la razón!

Olga B. dijo...

Caro José Manuel, yo siempre estuve muy de parte de la primera señora de Winter, no me extraña que hasta la rotenmeyer de turno estuviese enamorada de ella. Intentaré contestar a mis correos como quien despacha correspondencia en su mansión, me gusta la idea, me pintaré los labios;-)

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Está bien eso de identificar a la señorita Rotenmeyer con la también terrorífica señora Danvers. (Hoy, por cierto, en el trabajo, alguien me ha preguntado si me acordaba de Heidi.)

arati dijo...

Me ha encantado el giro del outlook a Rebeca! Magistral.
Ya nunca podré responder los emails igual, ¿lo sabes, verdad?.

Si te sientes solo ante tu diario... es culpa de tus lectores sección perezosos (como yo) que leemos pero pocas veces damos señal de vida, de correspondencia. Pero estamos ahí, atentos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias por todos los comentarios. OLga, Arati: me alegro me alegro haberos puesto en el lugar de la interesantísima Rebecca de Winter; todos sabemos que la otra no le llegaba ni a las suelas de las zapatillas. Saludos.

Aznalmara dijo...

Es verdad que cada tarde tengo algo así como una cita: abrir el correo; y es verdad también que nunca hay nada tremendamente importante: los saludos de los amigos, algún cotilleo no contado en el instituto, algunas tonterías en forma de presentación y poco más.
Pero realmente es como una cita, y es un momento "importante", voy a tener que ponerme en situación y reconocer que, realmente, tengo una cita cada tarde.
Saludos. Esperanza