miércoles, octubre 14, 2009

DANS MON LIT

Mar rizada. Pero, sobre todo, despeinada.

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Me piden mi parecer sobre los abucheos al presidente del gobierno durante el desfile de la Fiesta Nacional. Y creo que decepciono a mi interlocutor cuando le digo lo que pienso: que no me parece bien que se abuchee a nadie en una ocasión institucional, que se supone que comparten y respetan todos los asistentes. En caso contrario, basta con quedarse en casa (lo que decía Brassens: Le jour du 14 Juillet / Je reste dans mon lit douillet...), que es lo que hago yo. Puede que el de abuchear sea un derecho democrático. Pero, sobre todo, es una muestra de mala educación.

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Me hacen un encargo periodístico. Y me dan la medida que ha de tener: 5.600 caracteres, con espacios. Como no tengo dónde apuntarlo, pongo un billete de autobús en la página 560 del tocho de Morla, a modo de recordatorio. Y me siento tontamente ufano de esa invención, que me parece digna del más avezado de los periodistas. Inútil, por otra parte: desde el momento mismo en que hago ese gesto para recordar la cifra, sé que no se me va a olvidar.

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