viernes, octubre 02, 2009

FAMILIA

No, no es que uno, a la vejez, vaya a salir en defensa del gobierno. Uno no ha estado nunca a favor de ninguno de los gobiernos que ha tenido este país desde que uno tiene uso de razón, pero eso es harina de otro costal. A lo que iba: es que hay ataques al gobierno de turno que exceden claramente los límites del sentido común y de la experiencia. Se ha hablado mucho, por ejemplo, de cierta sospechosa moción de censura municipal que, en contra del criterio del partido gobernante, ha sido apoyada nada menos que… por la madre de la secretaria de organización de dicho partido, que es –la madre, no la hija– concejala del municipio afectado… El sentir general parece ser: si la influyente hija no controla a su madre, qué autoridad tiene para llevar las riendas del primer partido político del país. Pero resulta que, si en algún sitio no vale nada la autoridad del prócer más encumbrado, es en su propia casa. Y si hay algo que nadie puede evitar es que su madre o su padre, mientras sean dueños de sus facultades mentales, hagan lo que les venga en gana.

Por lo mismo, se ha hablado mucho de ciertas fotos en las que el presidente del gobierno y su familia, incluidas sus dos hijas, posan junto a Obama, en un momento de la visita de éstos a los Estados Unidos. Se ha criticado, en primer término, la incoherencia que supone exigir que se respete la intimidad de esas adolescentes y, al mismo tiempo, exhibirlas en una visita oficial. Pero, como la maledicencia no tiene límites, se ha aprovechado también para criticar el aspecto de las dos chiquillas, que posaron para la ocasión con las vestimentas de la tribu urbana con la que, por la tontería habitual que suele tenerse a esas edades, dicen identificarse. No es que uno sea partidario del determinismo social: todo lo contrario. Pero sí creo que, en esto de las identidades sobrevenidas, la única que sale a relucir, por mucho que uno no quiera, es la que se hereda del medio en el que uno se ha criado. Y estas niñas, por muy góticas que quieran ser, lo único que revelan con su aspecto y actitudes es su condición de vástagos de la clase dirigente madrileña. Eso no es ni bueno ni malo: sólo inevitable. Pero, por lo mismo, entra en la lógica del pudor político disimularlo. Para eso, en fin, están los asesores de imagen. Y aunque hay motivos fundados para pensar que los de este presidente son el hazmerreír de la profesión, es muy posible que, en este caso concreto, de nada valieran sus consejos. Porque, igual que la número tres del partido gobernante no puede con su madre, es muy posible que el propio presidente, como cualquier otro padre de adolescentes, apenas pueda influir en el vestuario de sus hijas.

Lo que, después de todo, es muy humano. Quién controla a sus padres, a sus hijos, a sus parientes en general. Bastante tiene uno con sobrellevarlos.

Publicado el martes en Diario de Cádiz