viernes, octubre 16, 2009

NOBELES

Como casi todas las noticias, las relacionadas con los premios Nobel hay que juzgarlas en caliente, aun a riesgo de equivocarse. Y a lo mejor me equivoco con lo que voy a decir, pero lo cierto es que los premios Nobel sobre los que puedo permitirme una opinión me parecen, digámoslo ya, aburridos, previsibles (incluso cuando recaen, como ocurre este año con el de Literatura, en una desconocida), y rodeados de esas justificaciones que más parecen destinadas a ensalzar las elevadas miras de la institución que los concede, que a reconocer los méritos de los premiados.

No dudo, en fin, de que la escritora rumana a quien le han dado el de Literatura (del de la Paz, concedido a Obama, hablaremos otro día) lo merezca. Incluso cuando a alguien le toca la lotería, basta escarbar un poco en su vida e ilusiones para llegar a la conclusión de que merecía ese premio azaroso, porque pocas personas hay a quienes pueda negárseles el derecho a levantar un poco el vuelo por encima de sus ataduras materiales… Lo mismo pasa con esa otra lotería que constituyen los premios otorgados a escritores en función de su nacionalidad, sus relaciones con el poder o su papel frente a los conflictos de su tiempo. Antonio Machado se hubiera merecido uno, pero nadie se acordó de él en los tiempos revueltos que precedieron a la Segunda Guerra Mundial. Borges se quedó sin premio, pese a sus sobrados merecimientos, por haber expresado en algún momento opiniones políticas muy inoportunas. Neruda y García Márquez, sin embargo, pese a la declarada simpatía de ambos hacia determinados regímenes políticos totalitarios, o quizá por eso mismo, fueron premiados… Sólo en una ocasión, que yo sepa, el premio recayó en un escritor absolutamente ajeno a esos juegos de intereses: cuando se lo dieron a Juan Ramón Jiménez. Y no se puede decir que lo disfrutara: recién muerta Zenobia, su mujer, el gran poeta español ya sólo esperaba unirse a ella en esa otra mejor vida donde las vanidades mundanas nada cuentan.

Así que, si ahora me dicen que le han dado el premio a esta Herta Müller, a quien felicito de todo corazón, y alegan que ha sido por su “defensa de los desposeídos”, y por haber tenido dificultades con la horrenda dictadura de Ceausescu, y por ser representante de la minoría alemana de Rumanía, etc., todas estas razones, más que moverme a la lectura inmediata de su obra, me llevan… a bostezar, y a constatar, una vez más, que los motivos por los que la santa Academia sueca premia a los escritores poco tienen que ver con los que mueven a leerlos. A lo mejor mañana, en fin, cuando haya leído alguna página de esta mujer, cambio de idea. Pero son ya muchos los nobeles que uno lleva a sus espaldas. Y muchos los bostezos. Yo, qué quieren que les diga, todavía ando haciendo campaña para que se lo den a Galdós, a título póstumo.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

4 comentarios:

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Pues yo para lo de Galdós, firmaría.
Mucha razón en tus palabras, José Manuel.

Eduardo Flores dijo...

A todos nos ocurre: sin querer etiquetamos a los escritores de conocidos o desconocidos. Ello me lleva a pensar en que bendita sea nuestra premiada. Por el premio en primer lugar, y segundo, por llegar a él desde cierta sombra (no me atrevo a decir hasta que punto es desconocida). El hecho de no tratarse de un nombre sonadísimo me da a entender que el jurado realmente se ha empeñado en un gran esfuerzo para su elección, cosa ésta bastante discutible en la mayoría de los casos. Por otro lado, el mérito de la Sra. Müller de haber alcanzado tal galardón, en estas circunstancias casi de anonimato, me lleva a la conclusión de que para llegar a lo más alto , nuestra autora, ha seguido un único camino: su literatura. Bien por Herta Müller.

Como curiosidad: un gran descubrimiento a raíz de otro premio literario en el que destacó el desconocimiento: Ismaíl Kadaré.

Conclusión: Es imposible que los mejores escritores de nuestro tiempo estén entre todas esas caras conocidas que suelen dormir en nuestra mesita de noche.

Anota, José Manuel, mi voto por Galdós. Y si me lo permites, los más altos honores a Miguel Hernández.

Un saludo,
Eduardo Flores.

Anónimo dijo...

Yo también apoyo lo de Galdós. Me suena vagamente que hubo una maniobra de ciertos literatos españoles que impidió que se lo dieran en su día, estando propuesto. No recuerdo bien.
Un abrazo:
JLP

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Pues nada, a ver si echamos a circular un pliego de firmas. Yo también tengo entendido que el Nobel de Echegaray fue a expensas de Galdós, merced a esas maniobras que menciona JLP. En cuanto a lo que dice Eduardo, me parece de lo más razonable: yo no pongo en duda los méritos literarios de la Sra. Müller; sólo que me gustaría que alguien me hubiera explicado esos méritos, y no la pertinencia histórica o filantrópica de su obra o de su mera existencia. En fin. Feliz fin de semana a todos.