miércoles, octubre 21, 2009

OLORES DE MUJER

Las transiciones suelen durar poco. Y más las meteorológicas. Sueña uno con un entretiempo infinito, sin frío ni calor, en el que vestir ropas ligeras y cómodas, a la vez que elegantes. Pero no existe la primavera perpetua: el año pasado, sin ir más lejos, pasamos en apenas un mes de los fríos extremos a las temperaturas veraniegas. Tampoco hay otoños que, meteorológicamente hablando, tengan carácter propio, y no sean la suma antinatural de días veraniegos que se repiten hasta bien entrado octubre y esa especie de invierno anterior al invierno que suele darse en noviembre. El otoño es más bien una cuestión de luz, no de temperaturas. Tengo la vista puesta en el temporal que entra. El viento sur golpea las ventanas y en la piel se siente la humedad. Ayer todavía era verano. Mañana, en cuanto nos echemos encima el jersey, nos abriguemos la garganta (mi punto débil) y nos cubramos con alguna prenda impermeable, nos sentiremos en pleno invierno. El inminente cambio horario, que acortará las tardes, rematará la transición. No ha habido otoño, como no hay "centro" en política ni estadios intermedios entre la vida y la muerte. La realidad gusta de los extremos. Yo no.

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Hondo, otra vez. Siento una especie de fascinación por este western de John Farrow. ¿Quién sigue diciendo que John Wayne es un mal actor? Hay un momento en que su personaje, que se dice "mitad indio", se acerca a la desamparada Geraldine Page y le dice que, al igual que sus medio hermanos de raza, puede distinguir a una mujer blanca por el olor; y que ella, la que tiene delante, ha amasado pan esa mañana, ha frito tocino, se dio un baño la noche anterior; y, sobre todos esos olores, huele a lo que huelen las mujeres... No sabemos cómo va a reaccionar ella: lo mismo podría darle una bofetada que caer en sus brazos. Pero lo que advertimos, en el tempo detenido de la escena, es la casi insufrible tensión que se ha creado, el enardecimiento del macho por obra de su propia retórica, la activación, todavía no sabemos hacia qué fin, de ciertos resortes sensoriales de la hembra. Se dice que John Ford estaba detrás de esta película. Y esta escena tiene la temperatura erótica que Ford supo infundir a Mogambo, El hombre tranquilo o La ruta del tabaco.

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Cometo errores. Comprensibles todos ellos, en fin, porque nadie mejor que uno mismo para entender las debilidades propias. Los demás no sé qué pensarán.

1 comentario:

Mery dijo...

Quien diga que John Wayne es mal actor probablemente ha pasado de puntillas por muchas de sus películas maestras.

En cuanto a los errores, ahí discrepo: casi nunca me perdono lo que a otros paso por alto. Tremendo.
Un abrazo