martes, octubre 27, 2009

A POCO

Catorce horas fuera de casa, salvo el hueco del almuerzo. No he leído, no he escrito nada. A mi favor puedo anotar que, con lo acumulado -anécdotas, encuentros, impresiones de gente vista- podría nutrir este diario durante días. Pero esa clase de material caduca en cuanto algo más urgente se le pone por delante; o, simplemente, cuando el tiempo transcurrido lo enfría, lo vuelve contingente y olvidable. En esto de mantener un diario pasa lo mismo que con el vivir propiamente dicho: de nada sirve haber vivido mucho si lo de hoy, la vida sentida en su inmediatez, sabe a poco.

2 comentarios:

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Días infinitos, José Manuel. Días que se consagran a la pérdida. Porque llega la noche y piensas: no he hecho nada mío. Todo a lo que me entrego se hace rico y a mí me deja pobre: lo escribió Rilke, un poeta, por cierto, al que hace tiempo que no meto mano. Días así hay muchos. Igual sirven (no sé) para que apreciemos más los otros. De esos otros nos valemos para ir tirando. Viviendo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Efectivamente: días que nos pertenecen y días en los que la propia vida parece secuestrada. Así es.