sábado, octubre 24, 2009

RIQUEZAS

Obedeciendo a una iniciativa legal del propio gobierno, se han hecho públicos los patrimonios de todos y cada uno de sus miembros. Y se ha dado publicidad al hecho, al parecer tranquilizador, de que, salvo un caso o dos, ninguno de ellos es llamativamente rico, aunque tampoco ninguno es más pobre de lo que cabría esperar. De quienes declaran tener más de lo que se considera “normal” (si es que, en estas cuestiones, cabe hablar de normalidad) se dice que lo deben a haber heredado esas riquezas. Y como en democracia no se debe juzgar a nadie por lo heredado, ya sean riquezas o apellidos, la posesión de esas fortunas se considera una eventualidad poco o nada significativa. Con lo que el nivel de riqueza y la posición social de los actuales gobernantes se identifican con los que imaginariamente se atribuyen a sí mismos la inmensa mayoría de los españoles, que no dudan en definirse como “de clase media”.

En estas cosas los españoles siempre hemos sido así de voluntaristas, y si, en los Siglos de Oro, un mendigo con ínfulas podía declararse tan noble como un Grande de España, ahora basta gozar de ciertos bienes de consumo y de un mínimo (más bien ínfimo, en muchos casos) nivel educativo para sentirse tan burgués como un notario de provincias o un banquero. Y si, encima, constatamos que quienes nos gobiernan son, o se sienten, tan burgueses como nosotros, miel sobre hojuelas. En esa manera de entender la cohesión social no hemos avanzado mucho desde los tiempos en que el alcalde plebeyo de Zalamea reclamaba para sí tanta honra como cualquier noble de nacimiento.

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas. Ni las clases menesterosas de entonces entendían tanto de honra como proclamaba Calderón (y ahí está el cornudo y contento Lázaro de Tormes para demostrarlo), ni la totalidad de la población asalariada vive hoy en esa medianía satisfecha en la que acaban de ubicarse los ministros. Quizá en estos tiempos la riqueza haya que medirla por otros parámetros. Haberse criado cerca de los resortes del poder, como es el caso de muchos altos cargos, y tener la certeza de que, antes de caer en la miseria (para lo que, en el caso de la mayoría de los ciudadanos, basta perder el empleo), hay infinidad de colchones, contactos e influencias que lo mantendrán a uno en el medio en el que se ha criado, es, quizá, la marca patrimonial que más diferencia hoy día a las clases sociales. Un albañil bien situado puede ganar tanto como un ministro. Pero, si las cosas vienen mal dadas, quien pertenece a los círculos de poder e influencia aguantará mejor que quien depende sólo de sus recursos. De ese patrimonio inmaterial no sólo viven los altos cargos, sino, en muchos casos, sus allegados y descendientes. Ésa es la verdadera riqueza: la que no se puede medir en cifras. La que nunca se agota. La de siempre.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

2 comentarios:

Francisco C dijo...

La columna "Riquezas" me ha recordado las declaraciones del exministro Semprún, en las que venía a decir que él o bien era un intelectual que estaba por encima de las clases sociales, o bien un gran burgués, pero de ninguna manera un pequeñoburgués. Su inmejorable autoestima le impedía ser lo que es casi todo el mundo. El hispanista Stanley G. Payne hace unas interesantes referencias en su libro "La España Imperial" sobre el honor, la consideración social, en la sociedad de la época. Esa idiosincrasia, que en parte pervive, ha marcado nuestra historia.

Aprovecho este primer comentario en el blog para manifestarle a José Manuel la honda impresión que me causó el primer libro de poesía escrito por él que cayó en mis manos, lo que me llevó a buscar su obra y a seguirla. Por cierto, "Vacaciones de invierno" es una delicia. Me gustaría realizarle algunos otros comentarios en correo personal aparte.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Me alegra mucho saber de un lector mío, Francisco. Estoy de acuerdo contigo en que la extraña relación de nuestra clase dirigente con la riqueza le debe mucho a idiosincrasias heredadas de los siglos de oro, para bien y para mal.

Para hablar de otras cosas, te sugiero que me busques en Facebook, que tiene un servicio de correo particular incorporado. Puedes acceder a mi página desde la columna derecha de este blog, donde dice "JMBA en Facebook".