martes, octubre 20, 2009

SEÑALES DE VIDA

A veces da cierta pereza defender lo obvio; que frecuentemente es también, por serlo, lo más necesitado de defensa. Por ejemplo, que lo que llamamos poesía tradicional, o popular, o de arte menor (sé que son cosas distintas, pero el área de superposición entre las tres es muy amplia) sigue siendo un modo de expresión vivo, flexible y vigente; como lo demostró no hace muchos años la publicación de uno de los libros de poesía más hermosos de las últimas décadas: Canciones, de José Mateos; y como viene a reafirmarlo ahora la aparición de Señales de vida, el librito de Juan Antonio González Romano que me mueve a escribir estas líneas. Lo leí en una tarde de domingo: quiero decir, en uno de los momentos de la rutina semanal en que el ánimo se muestra más tornadizo, más reconcentrado en sus reconcomios narcisistas, menos generoso, en suma. No sé por qué anoto estas manías: a nadie pueden importarle. Pero quizá respecto a este libro tengan alguna relevancia: la falta de engolamiento de la voz que en él habla, el discreto disfraz popular y sentencioso con que se revisten experiencias y pensamientos que en cualquier otro se presentarían bajo la máscara de un yoísmo insufrible, y el humor o, al menos, el distanciamiento irónico que domina todo el conjunto contribuyeron no poco a facilitar su asimilación por un ánimo en principio tan mal predispuesto. El mío salió de la lectura más limpio y ligero. Y eso tengo que agradecerle a su autor.

2 comentarios:

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Y yo tengo que agradecerte a ti estas palabras, que me han alegrado la mañana de un martes... y unas cuantas más.
Un abrazo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Yo corroboro cada una de esas palabras. Late en esas coplas una elegante amargura sin incurrir en pesimismo y a la vez unas tremendas ganas de vivir sin incurrir en hedonismo.