martes, octubre 06, 2009

YOU ARE THE ONE

Vimos por segunda vez, en un intervalo de muy pocas semanas, De-Lovely, la muy simpática biografía fílmica de Cole Porter. Fue en la noche del domingo, y la verdad es que pocas películas resultan tan adecuadas como ésta para conjurar el peculiar estado de ánimo que se tiene en esas horas finales del fin de semana. La escenografía -París, Hollywood, Venecia, años veinte, joyas de Cartier, trajes de Chanel, etc.- ayudaba no poco, como también contribuía lo suyo el planteamiento de la película, que es también un homenaje a los viejos musicales de Hollywood. Pero el ingrediente principal, como no podía ser menos, eran las canciones de Porter: inteligentes, divertidas, ambiguas, escritas en ese prosiverso cargado de referencias cotidianas que a la poesía culta le ha costado tanto asimilar... Oía uno Let's Misbehave, por ejemplo, o el descacharrante Let's do it, let's fall in love, y experimentaba el, para mí, más enigmático de todos los sentimientos que produce el arte: la nostalgia de lo no vivido. Miraba a M.A. y los dos éramos, indistintamente, Porter y su esposa, Porter y sus secretos a voces, Porter y su distendida relación con su abundoso arte... Con ese sentimiento de felicidad -con su correspondiente carga de melancolía, como no podía ser menos- conciliamos el sueño. Por la mañana, todavía resonaba en nuestros oídos alguna frase pegadiza de las canciones oídas la noche anterior: "Night and day, you are the one..."; o: "You're the top, you're the Colisseum, you're the top, you're the Louvre Museum...". Están hechas, diría uno, con el lenguaje de los periódicos, como la poesía de Eliot. Pero acompañan mucho más.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La víbora de Truman Capote contaba sabrosísimas (y viles) anécdotas de Cole Porter. Como cuando ya estaba impedido y su amante le decía: "¿Quieres esta polla? Pues ven a buscarla". Y Porter se arrastraba penosamente por toda la habitación. O las cenas que daba y en los que permanecía abstraído y en silencio, con los ojos perdidos, mientras Capote charlaba por los codos, hasta que el mayordomo venía a retirarlo para acostarlo. La decadencia.
Eso no estará en la película. Y es mejor que no lo esté.
Buen post. Un abrazo.
JLP

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No está, pero la parte correspondiente a los últimos años es tan amarga que bien podrían caber en ella ese tipo de cosas. Un abrazo.