viernes, noviembre 20, 2009

INTIMIDADES

Quizá lo que más echa uno en falta en el tratamiento que gobernantes y poderes fácticos dan a ciertos asuntos relacionados con la moral y los comportamientos individuales sea la discreción. Es inevitable. La sociedad de masas ha hecho público lo que hasta ahora pertenecía a la privacidad más recóndita. Y no sólo asuntos, como el del aborto, de reconocida enjundia y complicada casuística, sino también cuestiones absolutamente triviales, como lo son las actuales polémicas sobre si las campañas de información sexual que han elaborado determinados gobiernos regionales deben incluir o no referencias a la masturbación… Los medios de comunicación han secundado gozosamente esas polémicas. No ha habido columnista o comentarista que se haya abstenido de hacer los chistes pertinentes, o de darse los oportunos golpes de pecho, según. Y uno escucha a unos y a otros con cierto pasmo y un creciente sentimiento de intimidad asaltada.

No olvida uno los tiempos en que los ataques a esa intimidad venían de un solo lado: es decir, cuando al adolescente que andaba descubriendo los entresijos de su sexualidad se le aterrorizaba con toda clase de fantasías sobre las posibles consecuencias de sus actos. Por aquel entonces, sobre el onanista en ciernes recaía la amenaza de quedarse ciego, o estéril, o de haberse condenado a las penas del infierno. No es que los afectados hicieran demasiado caso de esas amenazas: hay cosas que vienen dictadas por la naturaleza, y no hay ley ni doctrina que las pueda cambiar. Más que las amenazas en sí, lo que más azoraba y molestaba era tener que oírlas, porque, al no haber posibilidad de arrepentirse sinceramente del pecado, ni disposición para abandonarlo, el sermón resultaba doblemente ofensivo: no sólo por lo amenazador, sino por ventilar un asunto que se quería mantener en el secreto más estricto.

Conserva uno ese celo y ese pudor de entonces, más fuertes que cualquier posición moral o ideológica que uno haya podido adoptar después. Es decir, no tengo ideas absolutas e incontrovertibles sobre qué clase de moral sexual habría de enseñarse a los jóvenes, más allá de aquellos principios básicos que contribuyan a preservar su salud, su libertad y, dentro de lo que cabe –¿me atreveré a decirlo?– su inocencia, a veces demasiado prematuramente expuesta. Pero sí tengo claro que también habría que preservar un espacio para que estas cuestiones, y el sesgo que cada cual les quiera dar, maduren en la intimidad y en la privacidad, y no al socaire de polémicas y campañas mediáticas casi siempre frívolas y superficiales. En una intimidad, por supuesto, abierta a la información. Y en una atmósfera pública donde uno no sintiera que adoptar unos comportamientos u otros significan afiliarse de por vida a la facción que ha hecho de los mismos su bandera, a falta de otras mejores.


Publicado el martes en Diario de Cádiz

6 comentarios:

Olga B. dijo...

Es curioso que la educación sexual otorgue carta de naturaleza al deseo, con mucha razón, pero olvide e incluso desaconseje el pudor (tan natural como el deseo) dándole al tema un tono abierto que no sé si es el suyo: por encima de tendencias ideológicas el descubrimiento del sexo va unido a un cierto pudor. Un amigo mío está indignado con eso de que se enseñe la masturbación vía libro, cuando es una cosa que siempre se ha aprendido, digamos, al tuntún. En fin, acabarán poniendo nota;-)
Bromas aparte, ese "tuntún" implica que cada uno se va conociendo a su ritmo y como Dios le da a entender; es como si ya nada pudiese descubrirse de una manera personal y natural, todo está en algún plan de estudios. ¿Eso es bueno? Veremos. Supongo que es una reacción lógica contra un excesivo oscurantismo anterior que ya debería estar superado.
Personalmente, lo encuentro un poco risible.
Saludos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Por ahí van los tiros, Olga. Gracias por tu comentario.

Paco Gómez dijo...

A mí, José Manuel, me parece que eso del taller de masturbación es una frivolidad que se han marcado cuatro miembros de la más rancia progresía extremeña. Pero como pienso que tenemos los políticos que nos merecemos, pues eso, que allá los extremeños que con sus votos ponen o quitan a sus políticos.
Un abrazo.

Leer Gratis dijo...

"acabarán poniendo nota" Me quedo con esa frase de Olga que ha estado realmente genial. Al parecer así funciona esto y, personalmente, lo veo como un "exceso de libertad" (de expresión, opinión, etc) Aclaro, no por preferir que no sea así, pero creo que se nos ha subido a la cabeza esa frase y estamos exagerando un poco en algunos sentidos... (no sé si me explico)

Un saludo,

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Creo, como estáis comentando, de una intolerable intromisión del Estado en la privacidad de la gente. Esto se está pareciendo cada vez más, como le he escuchado a alguien, a "Un mundo feliz", donde se intenta acortar la infancia y sexualizar lo antes posible a los niños.¿Esto tan 'progresista' no empieza a parecerse a un grotesco guiño a la pederastia?

chaly vera dijo...

Yo creo que el "tuntun" no deberia estar en libros, pues es dificiel escribir el "tuntun" y solo la practica del "tuntun" no enseñara el "tuntun", como dijo Olga B.que si tiene pudor no le queda más remedio que el "tuntun"
saludos