viernes, noviembre 27, 2009

LA GRIPE

Lo malo de tener que escribir el artículo de la gripe es que seguramente uno lo ha escrito ya, y hay una regla de oro en esto del columnismo que obliga a no repetirse. Escribió uno ese artículo cuando, como todos los columnistas que se estrenan, paseaba confiadamente por los hitos del calendario y encontraba una incitación a escribir en el mero sucederse de las estaciones. No hay articulista novel que no haya escrito sobre la navidad, la llegada del buen tiempo, el verano y sus tópicos. Lo malo de esos temas es que sólo pueden tratarse una vez. Cuando se agotan, hay que engancharse a ese fatigoso carro que llamamos “actualidad”. Y de ahí nace el dilema en que me encuentro: ¿es esta gripe de ahora un asunto actual o una cuestión estacional? O, lo que es lo mismo: ¿es noticia o es mera recurrencia de algo que sucede todos los años, tan poco novedoso, en fin, como el becqueriano regreso de las oscuras golondrinas o la caída otoñal de las hojas?

No sé. Ya quisiera uno encontrarse en esa situación de bendita inocencia que le permitiera escribir el artículo de la gripe de siempre, la cíclica, la eterna, la que vuelve cada año de la mano del invierno y se disipa con la llegada de la primavera. La que permite faltar al trabajo y reclamar del cónyuge desacostumbrados mimos y cuidados. La que se sobrelleva en cama, acompañado de un libro, un vaso de leche caliente y un termómetro… También esa gripe “normal”, de apariencia tan benévola, se lleva por delante muchas vidas. Pero lo hace sin alharacas ni alarmismos, revestida de esa inevitabilidad que pone como único requisito para morir el mero hecho de estar vivos.

A lo que parece, tampoco la amenazadora gripe de nuevo cuño va mucho más allá. Los médicos, que son fatalistas por naturaleza, porque han de asistir impertérritos al siempre inquietante espectáculo del dolor ajeno, así lo creen, y por eso muchos de ellos se resisten a ponerse la vacuna improvisada al efecto. Quizá porque tienen sus dudas respecto a su efectividad. Pero también porque, en el fondo, aceptan la cuota de riesgo que les cabe en esta eterna lotería en la que diariamente se concede o se niega el regalo de seguir viviendo. También se dice –y esto también es parte del discurso de la actualidad– que el virus en cuestión ha mutado, y a lo mejor se hace incluso más agresivo y letal. Lo que tampoco debería asustarnos, porque ya sabemos que los virus son tan poca cosa que ni siquiera poseen el don de la identidad estable. En eso se parecen a los columnistas: hoy son poéticos y benévolos, como la gripe estacional, y al otro día se muestran destructivos y feroces. También nuestros temores mutan. Ayer huíamos del turista que volvía de Méjico con un constipado, hoy besamos en la frente al familiar enfermo con el que no tenemos más remedio que convivir. Eso hemos ganado.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

3 comentarios:

Amaia dijo...

Excelente artículo.

Alejandro dijo...

La diferencia entre la gripe de siempre y la actual es que este año me he levantado de la cama para dejar algún comentario.

Espero que este virus no se transmita por Internet.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, Amaia. Y que sea leve, Alejandro. Saludos.