jueves, noviembre 19, 2009

SANGRE CALIENTE

C. me avisa, horrorizada, de que K. ha vuelto a las andadas e intenta cazar un pájaro en el balcón. Le digo que no intervenga, porque más de una vez, al sufrir un sobresalto (por ejemplo, ante el estruendo de la persiana echada), la gata se ha lanzado a los barrotes, con serio riesgo de ir más allá y caer a la calle. Pero luego pienso que en mi actitud hay un elemento de irresponsabilidad, motivado por el deseo, nada inconsciente, de que nuestra gata se porte como lo que realmente es, un felino con instintos de cazador, y experimente de nuevo la descarga de adrenalina correspondiente a una presa lograda. Alguno dirá que a mí qué me va en esto. Yo también me lo pregunto. Para la gata, como para mí, seguramente ya no hay vida más allá de sus rutinas establecidas: su dormitar a mis pies, a la hora de la siesta, su deambular por los distintos descansaderos que se ha ido procurando en la casa, sus carreras nocturnas en pos de una quimera. Que alguna vez una de esas quimeras cobre alas y tenga sangre caliente no deja de ser, incluso para los instintos bien afinados de la gata, una extraña sorpresa.

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Ante la caída imparable de nivel de los canales de televisión en los que habitualmente me abastezco de películas, me proporciona una cierta alegría volver a ver un clásico menor tan previsible como La costilla de Adán, de George Cukor. Irritante, sí, por su feminismo timorato y trasnochado, y que ya anunciaba los tópicos de la corrección política por venir. Pero con unos cuantos momentos de buen cine: toda la secuencia muda inicial, por ejemplo, en la que una ama de casa deambula por la ciudad en busca del marido adúltero, lo encuentra en un apartamento con una pelandusca y dispara contra ellos. O el sinfín de pequeños detalles sobre la intimidad matrimonial, no tan explícitos, en fin, como los que se muestran en las escenas correspondientes de Eyes Wide Shut, pero mucho más certeros. Mudos, también, casi todos ellos, como corresponde al verdadero cine, que es el que deja hablar a las imágenes. Lo que, dicho respecto a una de las muy palabreras películas de Cukor, hasta puede resultar extraño.

2 comentarios:

Luis García dijo...

Querido José Manuel,

Siempre es grato reencontrarse con las andanzas de K que siento tan familiares. Sigo el rastro de tu columna de humo. Un abrazo,

Luis García Gil.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, Luis. Se lo diré a K., que seguro que también se pone muy contenta. Un abrazo, y felicidades por el nuevo libro.