miércoles, noviembre 25, 2009

UNA APOSTILLA

A mi amigo y colega Rafael Marín, que ha venido al instituto a dar una conferencia, le hacen la consabida pregunta: "¿Por qué escribe usted?". Y responde, entre bromas, que porque así ahorra mucho dinero en psiquiatras. No sin antes conceder que él también se lo pregunta con frecuencia, ya que la escritura es un trabajo casi siempre ingrato y solitario, que incluso te enemista a veces con los tuyos... Tiene razón. Sin embargo -me entran ganas de apostillar- hay también un gozo de la escritura, que a veces llega a la euforia, y que se manifiesta cuando la ocasión y las ganas coinciden con uno de esos contados momentos en que las palabras acuden con facilidad al pensamiento y a las manos, a remolque de ideas que parecen aflorar en el momento oportuno, y complementarse unas a otras, de modo que el resultado, cuando llega a culminarse, parece un don del cielo, un arrebato, un golpe de eso que los antiguos llamaban inspiración... Suele ser un estado pasajero, y a veces basta que cualquier contratiempo se interponga para que, al volver a lo escrito, uno deje de encontrar esa gracia de que lo creía tocado. Pero, pasajero o no, existe, y quizá uno se pase tardes y tardes ante el ordenador a la espera tan sólo de que vuelva a repetirse.

5 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Yo pienso que también hay un gozo más modesto en la escritura: el de conocerse más a uno mismo, el de crear, aunque no sea una genialidad; en definitiva, la escritura proporciona una gratificación per se. Ésa es, al menos, mi experiencia. Yo disfruto, aunque en distinto grado, escribiendo libros de texto, artículos de Economía, poesía, escatologías tipo 1 o escatologías tipo 2.

Una entrada para la reflexión, José Manuel. Supongo que no es algo objetivo. Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Totalmente de acuerdo, Ridao. Es más, lo que dices es lo principal. Yo me refería, al hilo de lo que comentaba RM, al placer inmediato derivado de la escritura. Que puede ser, como digo, muy intenso en según qué tesituras. Un abrazo.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Comparto reflexión y comentarios, cómo no. Un abrazo a ambos.

Raquel dijo...

Hola, José Manuel:
Si no existiera esa satisfacción, ese placer inmediato asociado al acto de escribir, más nos valiera dejarlo. Bastantes cositas hay que tragar a diario como para que el momento de la escritura fuera también un obstáculo que salvar. No, para mí, decididamente es goce, es plenitud,es sorpresa a veces porque sale de tí algo inesperado, no acorde con tu humilde carnalidad pero sí es para disfrutarlo. Y si esa expresión escrita consigue llegar más allá de uno mismo, pues ya la satisfacción es plena. Saludos. Raquel

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bueno, también entiendo el caso (no suele ser el mío) de los escritores torturados, a quienes cuesta horrores llenar una cuartilla. ¿Por qué escriben, entonces? Tal vez porque también hay en ello una especie de inevitabilidad. Y porque esa felicidad de la que hablamos nunca está garantizada. A veces se va en pos de ella, con grandes esfuerzos.