viernes, diciembre 11, 2009

CRUCIFIJOS

La anunciada “guerra de los crucifijos”, como aquella “guerra de Troya” de la que hablaba el drama de Giraudoux, finalmente no tendrá lugar, con lo que las aguerridas huestes de uno y otro bando dispuestas a enzarzarse en todo tipo de escaramuzas, dialécticas o no, para atacar o defender el viejo símbolo se han quedado, de momento, sin casus belli. No parecía, de todos modos, una batalla con mucho fundamento. Quien esto escribe lleva un cuarto de siglo trabajando en la enseñanza y jamás ha visto un crucifijo en una escuela pública… Supongo, en fin, que la anunciada polémica se refería sólo a esos centros, porque extenderla a los concertados, como pretendían algunos, hubiera sido tanto como negarles la razón de ser, lo que no parece que quepa en los modos de proceder de una democracia. Y que conste que quien esto afirma –en voz baja, para no molestar a nadie– no pertenece a ninguna confesión religiosa, ni cree que éstas deban dictar normas a la sociedad civil.

Crucifijos, ya digo, no he visto ninguno. Si alguno queda por ahí, los responsables de la administración educativa deberán indagar por qué en determinados centros públicos no se ha producido la retirada de los mismos con la naturalidad y discreción con que esto ha ocurrido en todos los demás. Quizá ése sea el quid de la cuestión. La sacrosanta Transición, de la que tanto se habla, consistió básicamente en una sucesión de gestos discretos y, en cierta medida, espontáneos; entre ellos, todos los que contribuyeron a ir separando lo que atañe privadamente a las conciencias de lo que debe regir la convivencia pública. Y lo que ahora resulta verdaderamente preocupante es que esa espontaneidad y esa discreción parezcan haberse perdido para siempre.

Tampoco el hecho de que hayan desaparecido los crucifijos garantiza, de todos modos, que en las escuelas predomine la racionalidad. Todavía me sonrojo al recordar un cartel que vi en una exposición escolar organizada por cierta oenegé biempensante, y seguramente subvencionada, de cuyo nombre no quiero acordarme. Decía ese cartel, dirigido a los alumnos de Secundaria: “En el Neolítico, con la aparición de la agricultura, apareció también la desigualdad social”. Todavía estoy preguntándome si lo que quería decir el autor del cartel es que hubiera sido preferible que la humanidad no hubiera pasado de la fase de cazadores-recolectores, antes de sacrificar ese presunto igualitarismo primigenio… Es para echarse a reír, si no fuera porque sabemos que en el mundo ha habido, y hay, no pocas dictaduras sanguinarias que pretenden el regreso a esa pretendida Edad de Oro, anterior a todo progreso. La de los llamados “jemeres rojos”, en Camboya, cuyos crímenes se están juzgando ahora en un tribunal internacional, fue una de ellas.

Y es que no todos los males vienen del crucifijo. Digo yo.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

4 comentarios:

RM dijo...

Curioso. En mi cole, concertado, yo diría que tampoco hay crucifijos desde hace unos años. Sí hay fotos de la estatua de la Virgen que tenemos en el patio, pero los crucifijos han ido desapareciendo.

Donde no hay crucifijo, y me extrañó, es en la capilla del tatanorio nuevo de Zona Franca. Cosas veredes.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

De ahí mi apuesta por la discreción. Yo creo que un cierto nivel de desarrollo económico y social, en un régimen de libertades, implica necesariamente que la religión quede relegada a la esfera privada -donde, por otra parte, jamás debe interferir el estado-. Las campañas laicistas impostadas no hacen otra cosa que provocar un efecto de reacción tan inoportuno como la propia campaña. Amén de ser cortina de humo respecto a otras cosas. Por ejemplo, los verdaderos problemas de la educación.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Tienes razón, José Manuel, aunque creo que esto no es una cortina de humo, sino un proyecto meditado de convertir un estado aconfesional en un estado ya no laico -que sería algo comprensible-, sino agresivamente laicista, en su sentido de ideología excluyente y antirreligiosa.

Paco Gómez Escribano dijo...

Buena entrada, José Manuel. Coincido contigo y con José Miguel. Aquí el caso es montarla. Me reconozco aconfesional y apolítico, vaya esto por delante. Pero es que este Gobierno parece que tiene especial habilidad para meter la pata, no sólo en este tema, sino en muchos. Véase estatut, el deterioro de las relaciones con USA por no saludar a la bandera en aquel olvidado desfile, los secuestros, el aborto, la obligatoriedad de la enseñanza hasta los 18..., etc., etc., etc.
Y yo llevo 18 años en este oficio. Oye, que tampoco he visto nunca un crucifijo en ningún insti. Vaya, vaya.