viernes, diciembre 04, 2009

EL RODAJE

Con éstos del cine pasa lo que con esos visitantes de fuera que, a fuerza de ponderar lo exótico y curioso que les parece lo que a nosotros dejó de sorprendernos hace años, terminan contagiándonos su asombro. Por eso es bueno tener los brazos abiertos a esa clase de visitantes: te hacen ver, cuando vienen, que también tu entorno inmediato, las calles que ya ni ves, e incluso la luz y el cielo en los que ni siquiera reparas, albergan bellezas que quizá merezcan el esfuerzo de ser miradas con otros ojos. Y eso es justo lo que pasa, en fin, cuando una turba de carpinteros, electricistas, figurantes y demás invaden tu ciudad y la convierten, por unos días, en otra. La nuestra fue la Habana allá por el año 78, cuando se filmaron en ella y en los alrededores algunas escenas de Cuba, una película de Richard Lester; y fue Beirut en una de acción cuyo nombre he olvidado; y hasta se disfrazó de sí misma para albergar El amor brujo de Rovira Beleta. Y ahora, por uno de esos vislumbres que sólo se explican por la capacidad de transmutar la realidad que tiene el cine, sus calles céntricas se han convertido en un trasunto de la Pamplona de los sanfermines…

Se pone uno en el lugar de quienes han tenido esas intuiciones y termina dándoles la razón: una ciudad vale por todas, porque lo verdaderamente esencial de una ciudad, de cualquiera de ellas, es no tener esencia, resultar poliédrica, tener tantas caras como miradas se quieran proyectar sobre ella. Las ciudades se inventaron para eso: para escapar en ellas a las rígidas determinaciones que regían la vida en el campo. Por eso no hay ciudad, por decente que sea, que no tenga una calle de mala nota; o que no cuente con una masa más o menos variable de extraños y forasteros, o que no se reinvente a sí misma cada pocos años. Cuando eso no sucede, o apenas se percibe, es que la ciudad está estancada o muerta, o está degenerando en poblacho, que sólo tiene de urbano las dimensiones, pero no el espíritu.

No hay ciudad que no esté expuesta a este peligro, y más cuando faltan en ella recursos e ideas. Por eso es bueno que venga una tribu de feriantes a ponerla manga por hombro, que es justo lo que ha pasado con este último rodaje, el de la película Knight and Day. Hay quien se ha quejado duramente por las molestias, olvidando que éstas no han sido mayores ni peores que las que causa el carnaval, la Semana Santa o un simple concierto veraniego. Y quizá en esas quejas se le ha visto el plumero al normalmente discreto y disimulado chauvinismo local, que también existe, y que suele mirar con malos ojos las alteraciones de nuestra paz provinciana venidas de fuera. Bendito sea el cine, que nos ha disfrazado la ciudad (quiero decir, las rutinas, las expectativas, el paisaje cotidiano) por unos días. Ojalá nos dure mucho tiempo la frescura de esa mirada.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

5 comentarios:

Paco Gómez Escribano dijo...

Pues bien cierto lo que dices. Cuando fui a vivir a Algeciras, hace 6 años, yo alucinaba con los paisajes, con determinados parajes, con las calles. Y los que vivían allí de toda la vida se asombraban de mi perspectiva, ellos no veían lo que yo.
Al regresar a Madrid, ese Madrid que dejé atrás radiografiado hasta la saciedad en mi memoria, descubrí de nuevo sus calles, que tanto había echado de menos, y lo enfoqué con una mirada diferente. Y es que, qué duda cabe, todo es cuestión de perspectiva. Por cierto, Cádiz siempre me pareció flipante e increíble.
A propósito, no nos has contado nada de tu presentación de ayer.
Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Coincido contigo, Paco. Y está muy bien que venga alguien de fuera a renovarte las perspectivas. En cuanto a la presentación, se consiguió lo que se pretendía, que era romper una lanza a favor de que en un pueblo como PR puedan hacerse estas cosas con naturalidad y con una cierta afluencia de público, en una librería que, por muchos conceptos, me parece heroica. Lo pasamos bien, Charo puso mucho cariño en su presentación y algo se ha hablado del libro, que nunca viene mal. Un abrazo.

RM dijo...

Navy Seals, se llamaba la peli de Beirut gaditano. Con Martin Sheen.

Olga B. dijo...

Muy buena reflexión sobre las ciudades y su manera de repetir, con sus peculiaridades, esquemas mentales, grandezas y miserias; todas se hicieron huyendo del campo y nos convirtieron a todos en "burgueses", habitantes del burgo que tiene algo de búnker. Me ha venido a la cabeza una coplilla de por aquí (de muy mal gusto;-)que no sé si conocerás:
"Calahorra, Calahorra,
que pareces Guasintón...", etc.
Me alegro mucho de que la presentación fuese bien, me hubiera encantado estar.
Saludos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, RM. Y sí, conozco la coplilla, Olga. Me imagino que habrá que cantarla con música de jota.