viernes, diciembre 18, 2009

EL TRANVÍA

No, quien esto escribe no tiene mucho que decir al respecto: ya quisiera uno entender de todo. Pero ahora que toda la ciudad habla del tranvía, encuentra uno cierto placer en tropezarse con esa palabra en los periódicos. Tranvía… Sobreviven en algunas ciudades europeas, más por haberse fundido con la imagen sentimental y turística de las mismas que, supongo, porque por ellas no haya pasado la ola pseudomodernizadora que los borró de todas las demás a finales de los cincuenta o principios de los sesenta. Con respecto a la idea de resucitarlo ahora, tiene uno sus dudas: ¿acaso no supondrá recargar las ya de por sí bastante castigadas calles de la ciudad con un artefacto más, seguramente feo –como el espantoso “Metrocentro” de Sevilla– y más bien poco práctico? ¿O se atreverán los diseñadores del mismo a resucitar las formas y proporciones de antaño, y a poner en circulación una de esas entrañables tartanas sobre raíles que todavía circulan sobre Lisboa, por ejemplo?

No se sabe. De momento, por lo que ha trascendido, parece ser que el pretendido “tranvía” no será más que un tren de cercanías mejorado, que comunicará entre sí los distintos municipios de la Bahía. No es que eso no sea necesario. Pero con la concreción de ciertas ideas pasa lo que con la realización de las fantasías largamente acariciadas: siempre decepcionan. Una ciudad sueña con un tranvía y le endosan un tren… No es eso, como tampoco sería aceptable lo contrario; que a quien pide un tren le pongan un tranvía. Las administraciones públicas andaluzas, sean del signo que sean, son expertas en estas arriesgadas traslaciones semánticas. Todavía me acuerdo del aeropuerto que le prometieron a Jaén, que se concretó en que al de Granada le cambiaron el nombre y le pusieron “Aeropuerto de Jaén-Granada”; o de cuando soterraron el tren en Cádiz, y hubo quien dijo que, con ese eje ferroviario subterráneo, éramos la primera capital andaluza que contaba con un metro…

Uno está ya acostumbrado a estos malabarismos verbales de los políticos, y por eso no les echa cuenta, ni gobierna su vida ni sus ilusiones por lo que éstos prometen. ¿Habrá tranvía en Cádiz? Bienvenido sea. Dará puestos de trabajo (al menos, al conductor, y no sé si al cobrador, porque ya estos artilugios vienen dotados de expendedor de billetes automático), facilitará la movilidad de la población y creará la ilusión de que, aunque la ciudad hace décadas, e incluso puede que siglos, que no se sostiene a sí misma, ni crea riqueza, al menos renueva periódicamente su imagen y se adapta a los nuevos tiempos. Sea. Pero, mientras tanto, uno seguirá abrigando su propia fantasía respecto a los tranvías: un vehículo traqueteante, modesto, con un cierto aire de eterna posguerra, en el que siempre huele a gabardina húmeda y suena, de fondo, una campanilla.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

1 comentario:

Larrey dijo...

Os invito a todos a participar en la IV Edición de Suspiros (Relatos breves) del Trastero de la imaginación.
http://eltrasterodelaimaginacion.blogspot.com/2009/12/iv-edicion-de-suspiros-ilustrados.html