jueves, diciembre 10, 2009

ENTONCES

Recién llegado a esta celebración familiar, en la que concurren parientes cercanos y lejanos, esta desconocida, amiga o pariente a su vez de un pariente político mío, me recuerda benévolamente una escena no del todo gloriosa protagonizada por mí hace casi treinta años, cuando yo era poco más que un adolescente. Era nochevieja y bebí más de la cuenta; mucho más, en todo caso, de lo que estaba acostumbrado, y con el mal criterio que suele tenerse a esas edades. Resultado: caí redondo. Ocurrió en casa de un familiar, y esa mujer, al parecer, estaba entre los presentes, aunque yo no la recuerdo. No nos hemos cruzado en todos estos años. En el intervalo uno ha estudiado una carrera, sacado unas oposiciones, publicado una veintena de libros. Me he casado y tenido y casi criado ya a una hija. Nada de eso existe, ni tendría por qué, para esta presencia extraña e inesperada, para la que sólo soy... alguien que protagonizó una sonora borrachera hace seis lustros, a una edad respecto a la cual tendría que haber una ley que ordenara borrar todos los recuerdos que los demás puedan tener de uno.

13 comentarios:

Paco Gómez Escribano dijo...

Desempeñamos muchos roles a lo largo de nuestras vidas, es curioso. Y cuando dejamos de ver a gente, éstos guardan en su memoria la imagen que tenían de ti en ese momento. Todos lo hacemos en este camino llamado vida, lleno de encrucijadas y encuentros en el que vamos clavando tablones con nuestros roles para quien quiera verlos.
Un abrazo.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Viene a confirmar aquello de que pisas un plátano un día y te caes y ya eres el pisaplátanos por los restos. Se queda uno siempre con lo cómico o con lo ridículo. A veces interesa buscar (rebuscar es el verbo) todo lo cómico y lo ridículo al tiempo y plantárselo en la cara al pobre que, licenciado, padre, escritor y mil oficios más, tuvo la desgracia de coger un tablón (como dicen ahora los jóvenes) bíblico. La historia que cuentas no me es ajena. M.A. me refiere muchas veces cómo, al bailar, aturdido por los vapores del alcohol o por los nervios del flirteo, la pisé, le tosí y algo más que no viene al caso (ahora) relatar y que mi pudor prefiere depositar en el infinito olvido. Un abrazo. Ah, beba usted en adelante y vea que no tiene público delante. Ya está. O no.

José Miguel Ridao dijo...

A lo hecho, pecho. A mí también me suelen recordar una, y yo me muestro orgulloso por mi evolución. Son cosas que dan a uno cierto caché...

Antonio Serrano Cueto dijo...

No me resulta tan extraño que ella te recuerde aquello. Precisamente porque contrasta con todo lo que has hecho después, y esas imágenes deformadas que devuelven los espejos tienen su gracia. Seguro que ella, aunque no haya leído tus libros, sabe que eres un escritor serio, y le excita conocer ese episodio de tu vida. Yo nunca he caído redondo, pero seguro que he protagonizado escenitas que deben de estar esperándome en algún lugar. Un abrazo.

Ove I. Moore dijo...

Sí, realmente hay ciertos recuerdos que cometimos el error de dejar sueltos por las memorias de cuantos nos conocieron y que deberían ser borrados.

Me complacen sus palabras, José Manuel, pero más risa me da cuando pienso en lo que son las cosas. Y resulta que yo fui a la presentación de su libro Vacaciones de Invierno el pasado jueves en la libería Pergamo (sí, al lado de aquel compañero de Madelmans suyo del final de la sala) y me cautivó la historia que en su libro relata.

Le saluda, una vecina.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Lamento que no habláramos, vecina. Y espero que nos sigamos viendo y/o leyendo. Y gracias por estar allí.

RM dijo...

Lo dijo el Príncipe Valiente en una de sus historias: "Soy caballero de la Tabla Redonda, conquisté Thule con una docena de hombres, derroté a los hunos en Pandaris, secuestré a una reina y derribé yo solo los muros de una ciudad inexpugnable... pero la mayoría de la gente me recordará como aquel imbécil que se cayó en uns fuente".

(que es lo que yo dije cuando, hace un par de meses, en una conferencia en la facultad, pegué un tropezón al subir al escenario y estuve a punto de romperme la crisma)

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Qué bonito, RM.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Que te quiten lo bailao, José Manuel. La gente tiene mucha "guasa", y le gusta dar la nota. Aunque es verdad que hay cosas que no nos gusta que nos recuerden, sobre todo a deshora. Un abrazo.

Olga dijo...

Pues a mí, que no te conozco, me gusta recordarte así;-)

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Yo tampoco te conozco, pero ya voy viendo lo malvada que eres...

José María Pérez Collados dijo...

Menos mal que si algo somos es los recuerdos que tenemos de nosotros mismos (podría ser peor, podríamos ser los recuerdos que de nosotros tienen los demás).
Un abrazo solidario

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Aunque también los recuerdos propios tienen a veces esa cualidad inclemente. Saludos, José María.