miércoles, diciembre 02, 2009

LICÁNTROPO

La literatura del siglo XX nos ha acostumbrado al victimismo. Es más: lo ha impuesto. Casi no se puede encontrar a un escritor que no escriba en tono de queja. Lo que, más que favorecer el derecho a la misma, cuando ésta es pertinente, sume en el descrédito a todos los que han hecho de ese tono (facilón, por otra parte) su más recurrente artificio literario. No fueron quejumbrosos Galdós, ni Cervantes. No lo fue tampoco, pese a la melancolía que a veces destilan sus versos, Antonio Machado. Hoy el victimismo se disfraza de agresividad. El quejica no sólo se queja: te arrea una patada. Y qué puede esperar uno de una literatura escrita a coces.

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Este hombre es partidario de los gatos. Hemos descubierto que tenemos eso en común: los dos tenemos una gata en casa, y a los dos nos fascina esa especie de devoción egoísta, entretejida de indiferencia y oportunismo, que los gatos manifiestan hacia quienes conviven con ellos. Habíamos intentado antes otras conversaciones: política, sociedad, dinero. No parecía que en ninguno de esos campos pudiéramos llegar a ninguna clase de acuerdo. La afinidad recién descubierta es de las que no generan ningún beneficio para ninguno de los dos: seguramente nunca estaremos de acuerdo en ninguna otra cosa, ni uniremos fuerzas en ninguna otra cuestión. Ni siquiera es probable que la mutua simpatía que pueda derivar de este descubrimiento redunde en alguna clase de favor mutuo. No, los partidarios de los gatos no conseguiremos llevar nunca a un representante nuestro al parlamento, pongo por caso. Y, sin embargo, adivino que una sociabilidad basada en un fundamento tan endeble puede tener mejor cariz que otras más interesadas. Y ser menos propensa a la decepción.

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Ha muerto el actor Paul Naschy. Su mejor papel fue el de licántropo. Es curioso que estas cosas se lleven con humor, al menos ante la galería. Y, sin embargo, supongo que para hacer un papel así con convicción hay que tomárselo con un mínimo de seriedad. No digo yo que haya que dormir en un ataúd, como dicen que hacía Bela Lugosi. Pero...

5 comentarios:

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Es historia de nuestro cine.

Buena entrada.

Un abrazo.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

¿ves diferencias entre los que gustan de los gatos y los que prefieren a los perros? Sería quizás buen tema para una entrada. Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

A los gatos se les tiene en casa por pura fantasía, puesto que no sirven para nada: ni siquiera se les puede sacar a pasear o adiestrarlos. Así que supongo que quienes prefieren los perros muestran más sentido práctico. Pero tampoco hay que generalizar, claro.

Sergio dijo...

Me gusta tu reflexión primera: se estila mucho eso del victimismo disfrazado de agresividad. Lástima.

Saludos admirados.

Javier de Navascués dijo...

Tu primer texto y el de Bela Lugosi me hacen pensar que es más fácil fingir dolor que alegría. Y seguramente más reconfortantemente egoísta, porque se suele fingir dolor sobre todo para verse uno mismo sufrir.