miércoles, diciembre 30, 2009

LO PRINCIPAL

Con tanta literatura, casi olvido anotar lo verdaderamente importante. Por ejemplo, la bajada al arroyo el sábado pasado, después de almorzar. Fuimos J.A.M. y yo, mientras las mujeres hacían la sobremesa. Las piedras del camino, normalmente sucias y polvorientas, estaban relucientes y, aunque estaban mojadas, ni siquiera resbalaban, porque no quedaba ni pizca de la sustancia viscosa que normalmente las cubre. Pese a que estaba lloviznando, nos cruzamos con algunos curiosos que iban a lo mismo: a comprobar con sus propios ojos cómo el arroyo, seco la mayor parte del año, corre ahora casi al límite de su capacidad, e incluso ha llegado a desbordarse, como puede verse en algunos tramos bajos del camino.

Con esas expectativas llegamos al puente. La vista desde allí no defrauda: el torrente corre con una fuerza que nos hace dudar de la resistencia del modesto arco de piedra y argamasa sobre el que estamos parados. Corre tanta agua que las pronunciadas peñas que habitualmente trenzan y deshacen la corriente son ahora invisibles. Entre ellas, la que J.A.M. llama "mi" piedra: la prominente peña redonda y verdosa que ocupa el primer plano del cuadro que tengo en el salón, pintado sobre una imagen algo más clemente de ese mismo arroyo. Le digo en broma a J.A.M., que es el autor del cuadro, que va a tener que rehacérmelo, porque en su día puso menos agua de la que realmente cabe en ese cauce. Seguimos bordeándolo y lo abordamos desde un par de puntos más: desde una peña alta, desde la que lo vemos correr encajonado, fiero, amenazador, y luego desde el saliente que se ha formado en un punto en el que un arroyo secundario se incorpora al principal. Los adjetivos que suelen cuadrar a la naturaleza bucólica resultan aquí absolutamente inapropiados. Este arroyo no canta: ruge. Sus aguas no son cristalinas, sino de un color turbio que no es exactamente sucio, sino más bien bilioso.

Volvemos al día siguiente. Como el anterior no llovió tanto, el arroyo corre con algo menos de fuerza, aunque sigue llevando un caudal considerable. Esta vez sí se ajusta a lo pintado en mi cuadro: bajo a la orilla y me agacho en el punto en el que el pintor debió de tomar su encuadre: todo encaja a la perfección, y hasta la piedra del primer plano, casi invisible ayer, alcanza ahora la misma preeminencia que en el lienzo. Que ha ganado, con estos ires y venires, una nueva dimensión, como de fuerza contenida. Ahora lo veo con otros ojos.

3 comentarios:

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

No tiene nada que ver con el post, que está leído, por supuesto.
Feliz Salida de año, amigo. Disfrute usted con los suyos. Embriáguese. Me lo dijo el otro día un amigo: Emilio, pilla una gorda. No estoy por la labor. Hay resacas muy crudas. Pero no está mal el exceso de vez en cuando. En todo caso, disfrute, eso es lo que cuenta. Entrar el 2.010 con ánimo, jubiloso, etílico, con la panza y la cabeza llena. Todo eso. Todo eso junto. Un abrazo, amigo. Nos leemos, a falta de otra cosa mejor, en el año venidero.

Libros Gratis dijo...

Pues en parte has seguido enrollado con la literatura, quedando demostrado aquí con las palabras empleadas para expresar tu vivencia en tan paradisíaco lugar. Lo mejor, nos has permitido a muchos de nosotros sentirlo de forma similar.

Te deseo un muy Feliz Año Nuevo, el cual te espere con mucha paz, felicidad y salud sobre todo que merecido lo tienes.

Saludos!
Marcelo Ferrando

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, Marcelo, Emilio. Igualmente a los dos. La verdad es que yo también les temo a las resacas. Pero a veces uno las da por bien empleadas.