miércoles, diciembre 23, 2009

MALPARADO

A K. le inquieta el mal tiempo. Se acerca al balcón, se alza sobre sus patas traseras y golpea el cristal con las manos. Es su gesto habitual para darme a entender que desea que le franquee el paso. Así lo hago. Pero, antes de exponerse a la dura intemperie, otea desconfiadamente la apertura. Llovizna. O, más que lloviznar, parece que las gotas finísimas, sustentadas en su propia ligereza, flotan en el aire. A la gata esta manera de llover no le parece del todo intolerable. Sale al balcón y bebe de la fina película de agua que cubre las losetas. Entre la aversión que le produce mojarse y el instinto que le lleva a identificar todo aquello de lo que pueda beneficiarse ha triunfado lo segundo. Bebe, digo yo, como lo hace un animal salvaje cuando encuentra la ocasión de hacerlo... Pero apenas he tenido tiempo de garrapatear estas líneas -este apunte, por así decirlo, del natural- cuando vuelvo a sentir sus manos golpeando el cristal, esta vez desde fuera: ya ha tenido demasiado y desea volver al calor hogareño. Le abro el balcón de nuevo, como al hijo pródigo que regresa. Ya sé, ya sé. El mundo exterior sólo merece, a veces, ese largo maullido de reproche.

***

Y, no sé por qué, me acuerdo de mi estado de ánimo de anoche, cuando volví de la larga sobremesa de copas que siguió al almuerzo navideño con mis compañeros de trabajo. Esa larga caída, coincidente con el descenso del nivel de alcohol en la sangre, de la euforia a la depresión. También a mí, como a la gata, las incursiones en el exterior me dejan a veces malparado.

4 comentarios:

Paco Gómez Escribano dijo...

A mí a veces también me pasa eso. Pero más que la bajada de alcohol en sangre creo que es el estupor al darme cuenta que esas comidas con los compañeros te proporcionan una colección de conversaciones vacías que el alcohol ayuda a soportar. Lo digo, pq yo también tuve comida con mis compis nuevos y me aburrí un poquito. Un abrazo.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Yo estaba enfermo, no pude ir a la comida de compañeros, y no he tenido ni siquiera oportunidad de deprimirme ¡Pardiez! Un abrazo.

rosa dijo...

No me quedé a las copas, así que no te vi eufórico, me lo perdí.De todas maneras, estas reuniones no suelen ser más que una declaración de buenas intenciones.
Por cierto, acabas de enseñarme una palabra que desconocía: "garrapatear", como sinónimo de "garabatear". Un beso y ¡Feliz año!

José Manuel Benítez Ariza dijo...

La euforia iba por dentro y tenía mucho que ver con el alcohol. Beber a media tarde tiene eso: luego queda vivir la bajada a plena luz del día, por así decirlo, y no durmiendo, que es lo más sensato. Besos y muy feliz año.