jueves, diciembre 03, 2009

MUSARAÑAS

Pese a ser hoy uno de esos días en los que tengo el tiempo medido para llegar al trabajo, se me va el santo al cielo mientras estoy en la ducha: no creo haberme quedado dormido, porque eso no me parece posible en pie y bajo un chorro de agua, pero hay unos minutos de los que no puedo dar cuenta, y en los que he tenido la mente no sé dónde: los suficientes para que empiece el día con prisas y con el paso cambiado. Luego, frente al ventanal de marras, el que da al mar, la mente se me va de nuevo a las nubes (literalmente: a la trama del cielo aborregado que tengo delante). No sabría decir qué musarañas he perseguido entre esas nubes o bajo el chorro de la ducha. En todo caso, no las creo más consistentes que las que persigo con la mente despejada. Ésas también están hechas de viento. Y no parecen deparar mayores beneficios que las otras.

***

Hoy jueves (20.00 horas) presento en la librería Pérgamo de Puerto Real mis
Vacaciones de invierno.

5 comentarios:

Paco Gómez Escribano dijo...

Lo de pensar en las musarañas, que parece una pérdida de tiempo, a veces no lo es tanto. Tenemos la cabeza ocupada todo el día y, a veces, hay que desconectar. Yo lo llamo "vaguear" y ejerzo de vago una parte de mi tiempo, por ejemplo algunas mañanas en que me siento en un bar a tomar café, leo el periódico, fumo y contemplo por el ventanal el estadio de la Peineta. Me molaría más ver el mar, como tú haces desde tu ventana, pero ahora estoy en Madrid, que no tiene mar, ero que tiene otras cosas.
Suerte en tu presentación y dale un beso a Charo de mi parte. Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, Paco. El cielo de Madrid también invita a esa clase de evasión a la que nos referimos.

José Miguel Ridao dijo...

Ten cuidado, José Manuel, que más de uno se va a hartar de buscar la Puerta Real. Curiosa errata.

Suerte para esta tarde.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Escribí sobre las musarañas hace bien poco en mi página. Musarañas. Pereza convertido en un noble arte. No dudo que la ejerzo a capricho y hasta he llegado a un también noble nivel de eficacia. Lo malo es el hábito, la débil línea que hay entre la pereza útil, consciente, rebajada a paréntesis, y la que no lo es. Envidio lo del mar. Mucho. Lo de la librería esta tarde, le vaya bien, caballero. Disfrute. Yo he presentado dos libros en mi vida. El primero, El espejo de los sueños, un poemario inocente, era yo joven. Demasiado. No lo disfruté, no lo viví. El otro (Cuentos del astronauta zurdo) fue disfrute puro. Bebimos incluso. En demasía, algunos. El libro como una excusa. Suele ser en otras ocasiones. Estoy en Lucena, en Córdoba. No se ve el mar, que me atrae mucho. Se ven olivos. Hoy, día gris, parece que estamos en otro sitio. No en Lucena. En Londres. Londres con olivos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Sevillanísima errata, José Miguel. Pero no hay peligro: el marcapáginas se está dando en mano en la propia librería. Y qué raro eso de "Londres con olivos", Emilio.
Gracias a los dos.