martes, diciembre 15, 2009

OTRA TARDE DE DOMINGO

Una cosa lleva a otra. Y así, nuestro pequeño ciclo buñueliano me conduce, por eso de que el rabo de una cereza engancha a otra, a La chute de la maison d'Usher (1928), de Jean Epstein, en la que Buñuel hizo de ayudante de dirección... Todas estas películas, las de Buñuel y la de hoy, las hemos visto en el ordenador, sobre mi mesa de trabajo. Frente a ella sitúo un butacón y unas sillas con cojines, y allí nos acomodamos M.A. y yo de la mejor manera posible. C., que anda a lo suyo, nos mira con cierta desaprobación: ver a sus padres allí encerrados, a oscuras, ante un monitor en el que se proyectan imágenes más bien sombrías, acompañadas de una música intranquilizadora, le da que pensar. Parece que andamos oficiando alguna clase de ritual siniestro. Y el caso es que la película de Epstein lo es: consigue transformar el cuento de Poe -que trata más bien de la hipersensibilidad y la neurastenia- en una verdadera historia de vampiros: desde el comienzo, en el que los lugareños, como en el Drácula de Bram Stoker- se niegan a acompañar al visitante a la casa del misterioso Usher, hasta el extraño proceso por el que éste, mientras pinta un retrato al óleo de su esposa, va privando a ésta de todas sus fuerzas vitales.

Este Usher de Epstein le debe ciertamente mucho al Nosferatu de Murnau (1922), pero también anticipa características de otros futuros vampiros cinematográficos. Así, a diferencia del de Murnau, el protagonista de esta historia no tiene rasgos monstruosos o inhumanos, y lo que lo caracteriza es más bien una especie de inexplicable melancolía, que casa bien con su juventud e incluso con su belleza, pues es un hombre apuesto y elegante, como lo es, a su manera, el vampiro que interpretará Bela Lugosi unos años más tarde. Hace este Usher, por cierto, interpretado por Jean Dubocourt, el mismo gesto con las manos que Lugosi utilizará en La legión de los hombres sin alma para gobernar a los zombis, y que será adecuadamente caricaturizado en la encarnación de este actor que hará Martin Landau en Ed Wood, de Tim Burton: un cierto modo de entrelazarlas, apoyando las yemas de los dedos de una sobre los de la otra, y luego haciendo garra con ambas... También anticipa Epstein el modo de trabajar de Corman respecto a los cuentos de Poe: combinar elementos de varios, para enriquecer la trama puramente cinematográfica. Buñuel aprendería mucho de este modo de proceder: hay algo de Epstein, por ejemplo, en la atmósfera sombría de Abismos de pasión, la adaptación de Cumbres borrascosas que el aragonés filmó en Méjico.

En esto pasamos la tarde del domingo. Una tarde curiosamente exenta de la ansiedad y la sensación de opresión de otras veces. Y es que tal vez esta clase de cine tiene insospechadas virtudes terapéuticas.

5 comentarios:

Paco Gómez Escribano dijo...

Hombre,este cine lo que tiene es que es cojonudo. Se cuidaba la fotografía, el guión, la puesta en escena, todo. Por eso el visionar una peli de estas es una sensación intensa que no te deja indiferente.
Un abrazo.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Me apunto la receta para las tardes de domingo opresivas. Un abrazo.

RM dijo...

Te hace falta un disco duro multimedia. Lo enganchas a la tele, y puedes verlo en el salón. Unos cien euros, en MediaMarkt.

(modo publicidad off)

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias por los tres comentarios, cinéfilo, anímico y publicitario. En esto de la tecnología estoy muy atrasado, RM.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Muy interesante tu blog, que he descubierto esta noche de insomnio. Lo continuaré leyendo. Mientras tanto te invito a que visites mi bitácora.
Un saludo desde Barcelona.