martes, diciembre 29, 2009

A TORO PASADO

La nueva entrega de los diarios de A.T., referida a 2002, me lleva a recordar los muchos dimes y diretes que siguieron a la muerte de Camilo José Cela, que tuvo lugar ese año; y que no fueron, en fin, sino una reedición de los muchos dimes y diretes que hubo en torno a la concesión a éste del premio Nobel unos años antes. Con un matiz: la polémica del Nobel tuvo lugar cuando el autor estaba vivo y sus corifeos ladrando, mientras que la otra fue a toro pasado. Acierta A.T. a señalar que detrás de algún titular aparentemente muy justiciero se agazapaba alguna que otra venganza personal; y que la polémica soslayó lo esencial: que lo que se debatía no era si Cela era o no buena persona, sino si era o no buen escritor (y muy pocos se atrevieron a decir entonces, contra la doctrina más o menos oficial, que no lo era, como es el parecer del propio A.T.).

Leo la crónica de esos días y siento la misma incomodidad de entonces. La verdad es que la literatura de Cela no me gusta, y suscribiría sin rebozo casi todo lo que escribieron entonces contra él sus detractores. Pero una cosa es mi parecer de ahora -y de entonces-, a los cuarenta y tantos años, cuando mis gustos literarios se han vuelto -valga la paradoja- más definidos y concretos cuanto más eclećticos, y otra el que tuve, por ejemplo, entre mi despertar a la literatura propiamente dicha -digamos, en torno a los trece o catorce años- y, digamos, cuando empecé a tener una cierta conciencia de que mi voracidad lectora empezaba a encauzarse en determinadas direcciones. En ese periodo de indefinición, en el que uno era receptivo incluso a las lecturas escolares, un libro como La colmena podía leerse con mucho interés y aprovechamiento, y así fue en mi caso. Y uno guarda una cierta deuda de reconocimiento respecto a los autores que, sin gustarme ahora, tuvieron su hora en ese periodo mío de lecturas indiscriminadas.

No sería capaz ahora de volver a esa novela -que debí leer lo menos dos o tres veces en el periodo aludido- y mis mejores recuerdos de Cela se centran en su Viaje a la Alcarria, que seguramente, como insinúa A.T., debe mucho a las páginas viajeras de don Ciro Bayo, por ejemplo, uno de esos autores del 98 a los que el gallego saqueó inmisericordemente... Sea como sea, tampoco tengo ninguna garantía de que mis gustos actuales vayan a resistir mejor que los de antes el paso de los años y los cambios caprichosos de opinión. Y lo único honrado que uno puede hacer al respecto es constatar ambas cosas, lo de antes y lo de ahora, esperando haber aprendido algo en el intervalo.

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