miércoles, enero 27, 2010

CONSTATACIONES

Entiendo muy bien a Josep Pla cuando se queja de lo frías y desabridas que eran las casas del Ampurdán: también lo son las viviendas modernas en la mayor parte de Andalucía, bajo la falsa creencia de que, como aquí el frío dura menos que en otras latitudes, no merece la pena dotar las casas de sistemas eficientes de calefacción. Si acaso, la única ventaja que tenemos respecto a Pla es que estos pisitos modernos son más pequeños que las masías del Ampurdán, y basta ponerse un radiador de aceite a la espalda, como el que tengo yo ahora, para contrarrestar eficazmente la sensación de frío, aunque quizá no tanto la de humedad, connatural a la proximidad del mar. Echo de menos los fríos secos, recios, de la sierra, y también el mayor realismo con el que uno afronta allí las vicisitudes del clima. En esto, como en tantas otras cosas, los andaluces malvivimos por culpa de nuestro apego a una falsedad atávica, que entendemos favorecedora. Otros dirían, simplemente, que se trata de puro y simple subdesarrollo. Pero es difícil dictaminar que fue lo primero, si éste o las confortables creencias que lo justifican y mantienen vivo.

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También K. tiene frío. Pero eso no le impide maullar para que le abra el balcón. Lo hago, y no aguanta a la intemperie más de un minuto. Pero en cuanto vuelve a estar dentro y le cierro la puerta, maúlla de nuevo, porque lo suyo, como lo de tantos, es la insatisfacción permanente, la añoranza de lo que no se tiene y acaso ni siquiera se desea, pero no por eso se deja de reclamar.

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Lecturas. La de esta novela primeriza del cineasta M.G.A. sobre los acontecimientos del 11 de marzo. Quizá lo más doloroso de la misma sea su documentado estudio de lo sórdida que puede resultar la vida en ciertos ambientes no del todo marginales, pero sí abocados a un grado de embrutecimiento irreversible. De ahí puede surgir -y con frecuencia surge- cualquier cosa. Y es curioso que, a veces, incluso en testimonios literarios que parecen excluir, a priori, cierta clase de constataciones morales, éstas terminen imponiéndose de un modo casi irrebatible.

2 comentarios:

Quequi dijo...

Yo no soy tan tiquismiquis como K., aunque tampoco me gusta el frío. Y eso de que en Cádiz no hace frío no es verdad. Acabo de tener un 'deja vu', con tu artículo, José Manuel, será el eterno retorno de las estaciones. Admirados saludos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, amiga Quequi. Saludos de K.