miércoles, enero 20, 2010

DISTANCIAS

A propósito de lo de ayer, se me ocurre que con las novelas sucede lo que con ciertos esfuerzos físicos: una vez se acostumbra uno a ellos, es el propio cuerpo el que los exige cada vez mayores. Lo sé de muy buena tinta porque, como anoté en este cuaderno en su día, en octubre empecé a practicar la natación. Las primeras sesiones fueron calamitosas: me creía morir, y el malestar me duraba días enteros. Ahora nado cómodamente más del doble de distancia que al comienzo y las sesiones, de cuarenta y cinco minutos, se me hacen cortas. Tal vez con la novela ocurra eso: la primera parece una hazaña sobrehumana y te deja literalmente exhausto. A partir de la tercera o la cuarta empieza uno a sentirse a gusto en el nuevo medio, y no quisiera otra cosa que persistir en él, cubrir cada vez mayores distancias, ponerse a prueba. Naturalmente, nada de lo dicho prejuzga la calidad del resultado.

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De todas maneras, el tipo de novela al que me refiero sigue siendo, en mi caso, un empeño literario personal, y no la mera construcción de un artefacto recreativo. No es que tenga nada en contra de los artefactos recreativos, y el arte de construirlos debe presuponérsele al novelista. Pero nada impide a éste buscar en ese medio las cotas de intensidad normalmente asociadas, pongamos, a la poesía.

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Un viaje: una novela. O eso me parece ahora, cuando, bajo la sugestión de la que me traigo entre manos, voy perfilando también los detalles de un viaje próximo.

2 comentarios:

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Muchos ánimos con esa nueva novela, José Manuel. Creo que serías un gran cronista de esa época recreada en tus recuerdos. Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, J.M. Espero no defraudar.