viernes, enero 22, 2010

HAITÍ

No hay más remedio que alegrarse de que la reacción internacional ante la tragedia haitiana haya sido tan inmediata y unánime. Los primeros en llegar al país devastado fueron unos bomberos… islandeses. En la CNN entrevistaron al ministro islandés del ramo. Dijo que ellos estaban muy acostumbrados a los terremotos y, por tanto, tenían a gente preparada para ese tipo de situaciones. Hay también sobre el terreno, se dice, soldados brasileños, cooperantes venezolanos y cubanos y personal de la Unión Europea, amén de la abrumadora presencia estadounidense. A poco que escarbe uno en esas presencias, encontrará esa mezcla casi inextricable de egoísmos, intereses particulares e impulsos altruistas a la que responden siempre las actuaciones aparentemente bienintencionadas de los gobiernos. Véase, si no, cómo el presidente español, que quizá vive las horas más bajas de su carrera, aprovecha la ocasión para sacar pecho como presidente de turno de la Unión Europea y, por tanto, máximo responsable de los esfuerzos coordinados que ésta pueda hacer para aliviar la situación de los haitianos.

Y sucede todo esto en uno de esos países que son la demostración fehaciente de que no existe ninguna garantía de que el invento humano de los estados nacionales haya de funcionar en todas partes. De la historia de Haití sabemos algo por las novelas de Carpentier. Y ya es significativo que, a la hora de buscar argumentos desmesurados, un cubano fuera a fijarse en la isla de al lado. Cuando los esclavos negros de Haití se emanciparon de sus amos franceses, no se podían imaginar que ganaban la independencia para entrar en una especie de limbo histórico. Nada ha crecido en Haití, como no sean las fortunas de unos cuantos caciques. Los haitianos han devastado sus bosques para calentarse, las lluvias han arrastrado al mar la mayor parte de su tierra cultivable, carecen de recursos económicos de cualquier tipo y han sido incapaces de dotarse de un régimen político mínimamente viable. Que su única aportación al imaginario universal sean los zombis, los muertos vivientes, no deja de ser una curiosa ironía. No se sabe si el mito del zombi fue inventado por los esclavos para aterrorizar las noches de sus amos. Pero el caso es que, desaparecidos éstos, la realidad del haitiano medio se parece mucho a la muerte en vida: a una existencia reducida al mero deambular, sin perspectivas ni futuro.

Ahora medio mundo anda volcado en la reconstrucción de Haití. ¿En la reconstrucción de qué?, cabría preguntarse. De ciudades que no eran más que inmensos barrios de chabolas, de caminos de tierra que no llevaban a ninguna parte, de formas de vida que no pasaban de la mera depredación. Ahora es el momento de los aviones descargando toneladas de comida, de las grandes excavadoras abriéndose paso entre los escombros. ¿Y luego?

Publicado el martes en Diario de Cádiz

3 comentarios:

Eduardo Flores dijo...

Estimado José Manuel,

No exagero siquiera un poquito cuando digo que es de lo más lúcido que he podido leer o escuchar en la radio en estos tristemente solidarios días.

No se puede reconstruir algo que jamás fue construcción.
En cierta ocasión y sobre el terreno, en plenas primeras elecciones del país tras el vergonzoso golpe de estado propiciado por EEUU, un haitiano buen amigo me dijo "el principal problema de Haití es el hombre haitiano", paradoja no exenta de razón. Pero, qué ocurre, ahora, después de la devastación ¿todo el mundo es capaz de poner al servicio de la sociedad haitiana toda la ayuda que necesita para remontar tal catástrofe? No quisiera invadir demasiado tu espacio José Manuel, así mi conclusión quede en esa pregunta.

En cuanto al gobierno de España en particular, bueno, a quien esté interesado será un placer explicarle los pormenores de las razones que nos llevaron a abandonar MINUSTAH y de los hechos acaecidos en tierra haitiana durante la estancia de nuestros infantes de marina allí.

Un saludo J.M,
Eduardo Flores.

Ramón Simón dijo...

Y luego...¡Ay! Me temo lo peor: el olvido.
Saludos

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Siempre eres bienvenido a este espacio, Eduardo, y más cuando tienes datos de primera mano sobre el asunto en cuestión. Un abrazo.