jueves, enero 21, 2010

INICIALES

Esto, lo he contado ya algunas veces, es un experimento literario. O, al menos, lo más que puede aproximarse a ello una persona tan poco dada a experimentos como yo. El experimento consiste en escribir un diario íntimo en condiciones en las que se prescinde del carácter privado de lo escrito, aunque no de su pertinencia personal. Las reglas, naturalmente, no están definidas, y hay que ir estableciéndolas sobre la marcha. Algunas las tengo ya más o menos probadas, otras no tanto. Y quizá la única que creo absolutamente imprescindible cumplir es la que atañe a las personas cuya privacidad, digamos, pudiera quedar expuesta por el carácter público de este cuaderno. Por eso se limita uno a aludirlas de manera general: un amigo, un compañero de trabajo, un vecino... O a designarlas mediante iniciales, casi nunca genéricas -del tipo X. o Y.-, sino concretas, porque uno no quiere negarles a estas personas el mínimo principio de identidad que supone ser dueño de unas iniciales. Tienen también, por qué no decirlo, un cierto carácter mnemotécnico. Los lectores de este cuaderno conocen ya a los titulares de algunas de éstas: M.A., C., J.A.M... No hay nada que ocultar respecto a ellos: son mi mujer, mi hija, un amigo pintor. También está, cómo no, K., la gata. A veces el juego de las iniciales se extiende más allá, y se aplica a personas que han escrito un libro, por ejemplo. No citar sus nombres no se debe sino al propósito de que la referencia, de alcance particular, no tiene por qué llegar más lejos merced a las artes de Google. Eso es todo, y espero que ningún lector de estas confidencias piense que efectúo en ellas algún juego de ocultación. Soy consciente de que en el mundo de la literatura confidencial se ha abusado mucho de estos procedimientos. Pero uno está absolutamente convencido de que las setenta u ochenta personas que leen diariamente este cuaderno no pasan de ser un cenáculo particular, y que nada de lo que aquí se cuente tendrá mayor trascendencia, por lo que no procede hacer un uso perverso de las licencias propias del género. No sé si me he explicado. Vaya, en todo caso, por lo que ayer decía el amigo J.M.R. a propósito de las iniciales.

5 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Te has explicado como un blog abierto, J.M.B. Lo de ayer era más bien una broma chusca, y desde luego el empleo de iniciales está más que justificado sobre todo para salvaguardar la privacidad. Lo que sí veo, y no es tu caso, es que algunos escritores abusan de ello, no en diarios, sino en novelas con personajes de ficción. No lo veo muy justificado, aunque todo es respetable, y habrá quien lo considere un recurso atractivo.

Te reitero mis disculpas si te ofendió mi PS de ayer.

Un fuerte abrazo.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Todo recurso puede ser válido si se emplea convenientemente. Si la anécdota o la hisotoria es buena, tal vez el nombre del protagonista poco pueda añadir. Si así es, no veo por qué no usar iniciales. Caso distinto es que la enécdota sólo tenga sentido si se sabe quién es el afectado.
Un abrazo a ambos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Nada de disculpas, Ridao: soy yo quien te da las gracias por brindarme un asunto sobre el que escribir, y además tan próximo a las motivaciones centrales de este cuaderno. Un abrazo.

Vicente Garcia dijo...

Yo soy uno de los que siguen a diario este blog, Jose Manuel, con agrado.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, Vicente.