martes, enero 26, 2010

SOBREMESA

Veo un episodio más de esta espléndida serie de la BBC que acompaña a un viajero a lo largo de la línea del Ecuador. Ahora está en Indonesia, en concreto en la isla de Borneo, donde le cuentan cómo los naturales del lugar, los temibles dayaks, famosos por su costumbre de cortar las cabezas de sus enemigos, hicieron no hace mucho lo propio con la población inmigrante que les impuso el gobierno, a los que acusaban de todo tipo de crímenes y de haber degradado las condiciones de vida locales. Hay que decir que el viajero en cuestión suele manejar un discurso de una impecable corrección política, y que ha denunciado con rigor las injusticias se las que ha sido testigo a lo largo de su periplo. Ahora parece dispuesto a aplicar este riguroso rasero a los feroces dayaks. Sin embargo, éstos lo reciben entre danzas rituales, lo agasajan con un gran banquete y lo nombran hijo adoptivo del cacique local, no sin antes darle a conocer su particular punto de vista sobre el conflicto que les ha enfrentado con la población inmigrante -de la que ya, según muestra el documental, no queda vestigio-. El viajero reconoce, al abandonar Borneo, que lo hace con sentimientos encontrados: no parecen avergonzados, como debieran, de haber masacrado a sus vecinos, pero al mismo tiempo son encantadores con los extraños de quienes no tienen nada que temer.

Yo no dudo de que lo sean. Tanto, en fin, como cualquier otro pueblo cuando muestra su faceta amable. Y quizá lo que falla aquí, y resulta inquietante para quienes, como yo, viajan por el mundo de la mano de los documentales de la sobremesa, es la escandalosa inadecuación de los principios biempensantes a la naturaleza humana. Digo yo, sintiéndome también un poco irresponsable por emitir opiniones de tanto alcance desde la comodidad de mi sofá, mientras digiero el almuerzo.

***

Cuando uno confía a este cuaderno impresiones tan ocasionales como la que acabo de referir, termina preguntándose siempre si acaso no había algo de más pertinencia que contar. A veces no hay más remedio que contestar que no. Y entonces tiene uno la sensación de que su propia conciencia de vivir se parece en ocasiones a esos tentetiesos que, por accidente, logran mantenerse en pie sobre la parte hueca, y experimentan el vértigo de lo que se sustenta en el vacío, antes de derrumbarse.

7 comentarios:

Olga B. dijo...

"La escandalosa inadecuación de los principios biempensantes a la naturaleza humana".
No sólo es buena la reflexión (y no importa que se haga desde el sofá, la postura no es a veces más que una coartada, uno puede recorrerse el mundo bajo muchas banderas para meter la pata. De hecho, el sofá es un buen sitio para reflexionar)lo bueno es ponerle el adjetivo "escandalosa" a esa inadecuación. Porque suele hacerse con discursos medidos, incontestables, ciertos. Son ciertos pero son falsos, todo el mundo lo sabe y da igual. Eso es lo escandaloso. Los principios bienpensantes se estiran como chicles, son maleables en varios sentidos (me parece).

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Buena tu defensa del sofá, Olga. Como lugar de reflexión es inmejorable, desde luego.

El capador de Turleque dijo...

Alguién tendrá que decirles algún dia a estos seres como a otros que sus costumbres son de dudoso gusto y escasa educación y que deberian abandonarlas para poder ser considerados seres respetables por el mundo civilizado. Lo sentiremos por la BBC o por N.Geografic que perderán mucha materia documentable.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Sí, amigo Turleque. Pero ¿qué me dice de los sentimientos encontrados del conductor del programa? El salvaje es una creación del occidental. Otra cosa es el salvajismo, que no es exclusivo de los salvajes. Digo yo.

El Capador de Turleque dijo...

Pues si, el salvajismo lo puede practicar cualquiera siempre que ponga al prójimo en situaciones incomodas como cortarle la cabeza o provocarle nauseas con sus "sentimientos encontrados". Ahora bien, creo que si algún día perdiera el juicio y me diera por viajar a lugares tan desagradables puede que prefiriera las nauseas, sobre todo con el juicio perdido.
Lo que no entiendo es lo de "El salvaje es una creación occidental"
¿De quién iba a ser?

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Buena pregunta, Turleque. Muchos de los nombres indígenas que estos pueblos se dan a sí mismos significan "hombre" o "humano" o similar; es decir, ven a los demás como no humanos; o, en el mejor de los casos, como degeneraciones o alteraciones de lo humano. Que es seguramente lo que queremos decir cuando denominamos "salvajes" a determinados pueblos. Ojo, no quiero decir que me parezca que cortar cabezas o comerse al prójimo sean respetabilísimas peculiaridades culturales, dignas de preservación. El relativismo cultural, llevado a sus extremos, no es otra cosa que cinismo. Pero eso no significa que no podamos admitir un cierto grado de relatividad a la hora de examinar nuestras concepciones y las de otros.

El Capador de Turleque dijo...

Que bueno es usted, Sr.Benitez.