jueves, febrero 11, 2010

CON MUNDO

Como nota chocante en este otro día de climatología deprimente, me cruzo con esta mujer que porta... un tridente de demonio. Un accesorio, supongo, del disfraz carnavalesco que andará preparando, para ella o para alguno de los suyos. A no ser, claro, que se trate de un verdadero demonio que, aprovechando las fechas, se pasea impunemente por las calles.

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Termino de leer las memorias literarias de J.C. (no pongo el título porque, después de todo, lo que me han confiado son unas pruebas de imprenta, a la espera de que el verdadero libro esté en la calle, y eso hace que me sienta depositario de un secreto profesional). Hay de todo en él. Pero lo que a este humilde escribidor de provincias no puede dejar de impresionarle es el rumbo del que se presume en todas y cada una de las páginas de este libro. Cuántos "saraos", cuánto viaje de un lado al otro del océano para asuntos que, digo yo, bien podrían haberse despachado por carta o por teléfono. Cuánto bar escogido (en uno de ellos, por cierto, el del Hotel Suecia, tomé yo una vez una cerveza con mi editor: debe de haber sido el momento álgido de mi vida literaria...). No cabe duda: entre lo que hago yo, pongo por caso, y lo que hacen éstos hay una distancia abismal. No lo digo con resentimiento: tampoco creo estar hecho para esa vida. Pero, si antes de leer este libro pensaba que la literatura, digamos, de consumo y la de ambiciones artísticas debían de tener nombres distintos, porque una y otra no tienen casi nada en común, ahora pienso que habría que crear una tercera categoría: la de la literatura con mundo, pasada por hoteles y aeropuertos, en contraposición a esta otra que se hace en zapatillas y va destinada a cien lectores. Y ya puede uno darse con un canto en los dientes por tenerlos.

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Llueve con empecinamiento, sí, pero sin convicción.

4 comentarios:

Eduardo Flores dijo...

Aunque uno tenga más o menos claras sus ideas y al respecto crea tener una buena ristra de razones, me surge como cualquier otra estupidez el preguntarme por qué esto ha de ser así, tras leer:

"...la de la literatura con mundo, pasada por hoteles y aeropuertos, en contraposición a esta otra que se hace en zapatillas y va destinada a cien lectores. Y ya puede uno darse con un canto en los dientes por tenerlos."

P.D: Subrayo estupidez.

Un saludo J.M.
Felicidades con retraso.

Ariadna dijo...

hola que tal! permítame felicitarlo por su excelente blog, me encantaría tenerlo en mi blog de animes y peliculas .Estoy seguro que su blog sería de mucho interés para mis visitantes !.Si puede sírvase a contactarme ariadna143@gmail.com

saludos

José Luis Piquero dijo...

Siento discrepar (y con retraso). Y parto del hecho de que no sé quién es J. C. ni lo que hace. Aceptamos que la literatura de consumo y la literatura seria (para entendernos) son cosas distintas pero no veo la necesidad de hacer distingos entre la obra de dos autores sólo porque uno escriba en zapatillas y el otro no pare de viajar y moverse por el gran mundo. En cada una de esas categorías hay grandes escritores y escritores muy malos. Truman Capote, por ejemplo, en la segunda (¿de dónde podría deducirse si "A sangre fría" o "Un recuerdo navideño" se escribieron en zapatillas o yendo de hotel en hotel. En todo caso, podría hablarse de tipos de escritores pero no de literatura, salvo con las memorias, que sólo son una parte del trabajo del escritor.
Por cierto, y ya fuera del tema, una vez me alojé dos noches en el Hotel Suecia y fueron las dos noches más cruciales de mi vida. Algo tendrá.
Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bienvenida la discrepancia, JL. Pero supongo que habrás entendido que hago esta propuesta de distinción a título irónico. Ni siquiera estoy muy seguro de que haya una diferencia tajante entre la literatura de mero entretenimiento y la otra. Solamente hay literatura buena y literatura mala, eso es todo. Pero no me negarás que ciertos testimonios dan a entender que, en literatura, o se es Scott Fitzgerald o no se es nadie.

Ya me contarás lo del hotel Suecia.
Un abrazo.