lunes, febrero 08, 2010

NO COMPARECE

La montaña de libros recibidos había crecido ya hasta el punto de que su equilibrio era insostenible. Por eso me he decidido a hacerles sitio en los estantes correspondientes. No ha sido fácil: he eliminado los últimos huecos que quedaban, a fuerza de suprimir todos los sujetalibros, bibelots, cajas y demás baratijas con los que los tenía separados y más o menos firmes y ordenados. Ahora no hay solución de continuidad entre, pongamos, los libros de prosa española y los rusos, y María Zambrano, cuyo apellido la sitúa siempre en la cola de cualquier hilera, está ahora espalda con espalda con Chéjov; lo que, después de todo, creo que no es mala compañía. También ha habido que hacer un pequeño expurgo. Nada dramático, en fin: unos libros para regalar, otros para donar a alguna biblioteca acogedora, algún otro destinado a la casa de la sierra, lo que no sé todavía si es una postergación o una subida de categoría, porque allí sólo están los libros japoneses de M.A., algunos tochos que he terminado de leer allí y no había urgencia para devolverlos al grueso del regimiento (Grossman, Carlos Morla Lynch, algún Dickens), los catálogos de pintura y un puñado de antologías y silvas de varia lección que me gusta hojear en las horas muertas... Ordenar una biblioteca, dicen, es hacer de Dios en el trance del Juicio Final. Pero hacerlo, en fin, cuando falta espacio es como dejar a un puñado de justos fuera del Paraíso porque no hay sitio para todos.

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Me paso la tarde del domingo trabajando en la novela. La temida angustia dominical no comparece, no sé si porque he logrado conjurarla con el trabajo o porque, vistas las circunstancias, no quería servir de motivo de inspiración. Porque si hay algo que no consiente la angustia es que le den la bienvenida.

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Bertolucci-Bowles (El cielo protector): en la mayoría de los casos, o es buena la película o lo es el libro, nunca las dos cosas. Y lo verdaderamente difícil es que de un libro pésimo salga una película aún peor; o viceversa: que una película tan mala tenga como antecedente un libro más malo aún. Y que se haya gastado tanta palabrería en ensalzar uno y otra.

5 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Te veo comprándote un e-book, José Manuel.

Suguiendo con la palabreja de verificación, me sale "hymprin", como reivindicando la imprenta.

Un abrazo paranormal.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No, hombre. En todo caso, un piso más grande.

Leer Gratis dijo...

"Ordenar una biblioteca, dicen, es hacer de Dios en el trance del Juicio Final. Pero hacerlo, en fin, cuando falta espacio es como dejar a un puñado de justos fuera del Paraíso porque no hay sitio para todos"

No se si he visto en mi vida una frase que describa a la perfección el sentimiento que tenemos al ordenar nuestras bibliotecas!!


Un abrazo!
Marcelo

FELIPE BENÍTEZ REYES dijo...

Muy bueno tu símil.
También hay uno de Borges: "Ordenar bibliotecas es ejercer de un modo silencioso la crítica literaria".

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Sí, lo conocía. También incurre uno en notorias injusticias -en las bibliotecas y en la crítica- por falta de espacio.