jueves, febrero 04, 2010

NO SUELE UNO

No suele uno ser tan bruto. Pero, a veces, ante los trastornos que provocan los despliegues policiales que acompañan los desplazamientos y reuniones de determinados cargos públicos -en la mayoría de los casos, personas de escasísimo relieve humano o profesional, más allá del que les presta el cargo-, le entran a uno ganas de repetir lo que, en tiempos menos clementes, oía con frecuencia decir a sus mayores: "Algo habrán hecho para tener tanto miedo".

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Sigo con lo de ayer: la mayoría de los rifirrafes literarios -alguno se cuenta, muy de pasada, en ese libro- suelen tener como origen un malentendido consistente en cruzar un juicio literario o intelectual con uno personal. La irritación de J.C., por ejemplo, con A.T. a raíz de un artículo que este escribió sobre Juan Marichal, y en el que descalificaba la pretensión de éste de que los legítimos depositarios de los diarios de Azaña debían donarlos al estado. En aquella época Marichal, por lo que da a entender J.C., estaba gravemente enfermo y era incapaz de participar en ninguna polémica, aunque no fuera más que en defensa propia. Pero el opinante en cuestión no tenía por qué tener en cuenta este dato -que puede incluso que ignorara- a la hora de ejercer públicamente su derecho a defender su propio parecer en asuntos sobre los que previamente sí se había pronunciado Marichal. El resultado: un agrio encuentro entre J.C., defensor del presuntamente agraviado, y A.T. Según quién lo cuente, se siente uno inclinado a ponerse de parte de uno o de otro. Y el caso es que los dos tienen razón, desde sus respectivas posiciones. Lo que es lo mismo que decir que ninguno de los dos la tenía del todo, o que era necesario el choque para que una verdad más completa se impusiera a las otras dos verdades parciales.

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Me cuenta M.A. que ha leído que en cierta residencia de ancianos tienen un gato que se anticipa a la muerte de los internos, y que la anuncia mediante el procedimiento de irse a dormir con quien va a morir en cuestión de horas... Creo que haría todo lo posible para alejar de mí a un animal tan aciago. Y, mientras lo escribo, observo de reojo los movimientos sinuosos de K. A veces parece que me ronda a distancia, como si supiera cosas sobre mí que sólo ella ve, y que jamás diría, incluso si pudiera.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

La verdad es que no suele usted ser tan bruto.

ISE

Quequi dijo...

Hay un cuento de Horacio Quiroga donde se habla de unos perros que ven la muerte de lejos. Saluditos.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

De ahí sale un cuento escrito por algún inglés aficionado a las intrigas del Padre Brown, pongo por caso, o (menos de mi gusto) la indiscutida Agatha Christie. Gatos con poderes.

Casiano dijo...

Después de lo de Oscar, así se llama el gato de marras, yo no me fiaría de ninguno, aunque K. puede ser una meritoria excepción.

GERARDWALT dijo...

Antes de visitar las parcas, dicen que nuestros cuerpos eliminan un tufillo que es detectado por algunos animalejos.
Un buen desodorante, a veces nos puede ayudar.
Un abrazo mi amigo...W.G.G

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias a todos. Sí, la verdad es que es para no fiarse. Y menos mal que nosotros no percibimos ese tufillo, porque, con lo aprensivos que somos, estaríamos todo el día con la mosca detrás de la oreja.

Mery dijo...

Entre A.T y J.C me quedo con el primero. Sin tener en cuenta sus rififafes personales, por cierto.

K, como todos los gatos, es misteriosa. Por ser hembra, mas.
Un abrazo

José Manuel Benítez Ariza dijo...

En cambio, el gato negro de Poe era, al parecer, gato, y no gata. Pero éste, más que misterioso, era simplemente vengativo.