lunes, febrero 15, 2010

REPARTO

En general, salvo cuando se tiene en mente una pesquisa muy determinada, la vida intelectual de uno se rige por el mero azar, que no es quizá el hilo conductor más aconsejable. Por eso me someto de buena gana a las tramas que me van saliendo al paso: proporcionan, mientras duran, una cierta ilusión de orden, de finalidad, de sentido. Algunas de ellas dejan trazas en este cuaderno: las lecturas de Platón o de Proust, por ejemplo, los pequeños ciclos cinematográficos improvisados, las lecturas que tienen que ver con lo que yo mismo trato de escribir en un momento dado. Otras ni siquiera llegan a aflorar, y son como esos motivos de preocupación doméstica que, por insignificantes, no trascienden nunca de su ámbito, aunque a uno le ocupen durante días... Es difícil distinguir lo importante de lo que no lo es. M.A., por ejemplo, me pregunta por qué ando dedicando tanto tiempo estos días al cineasta al que he de presentar en un acto público dentro de un mes. Conozco algo su cine y tengo tablas, así que no me sería difícil improvisar un folio uno o dos días antes. Y, sin embargo, me he leído la novela que acaba de publicar este hombre, he encontrado entre mis libros de cine una monografía que le dedicaron hace años, he buscado películas suyas, algunas ya vistas, otras no. Es decir, me he aferrado a este encargo circunstancial para tejer la trama intelectual, digamos, de estos días. Tal vez la pregunta de M.A. se refiere a si estas tareas, digamos, periféricas no interfieren en mis intereses principales; por ejemplo, en la novela que ando escribiendo. Pero la experiencia me dice todo lo contrario: que en estas pesquisas secundarias encuentro a veces el justo contrapunto de mi ocupación principal, o un inesperado complemento de la misma. Por ejemplo, algunas de las películas de este director tienen mucho que ver con la época en la que sucede la novela en la que estoy trabajando. Así que miel sobre hojuelas. O no, quién sabe. Todo esto es muy complicado, y quizá se refiere a una cuestión que nadie ha terminado de resolver del todo: en qué ocupar el propio tiempo; y si merece la pena.

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Ciática: ese trastorno que uno asociaba a las tías solteronas. No hay impiedad de pensamiento que no tenga con el tiempo su castigo. Todavía recuerdo la mañana en la que, llevado de un humor poco caritativo, me burlé de la presbicia de un compañero: no pasaron ni seis meses antes de que constatara que yo también padecía ese trastorno de la edad.

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La fiesta multitudinaria que tiene ocupada a la práctica totalidad de la población aporta también beneficios tangibles a quienes no nos hemos sumado a la misma: este desacostumbrado silencio matinal, por ejemplo, mientras los juerguistas duermen. es la parte que nos corresponde en un reparto que, después de todo, no puede ser más equitativo: para unos la noche abigarrada, ruidosa, llena de promesas; para otros la mañana plena, transparente, cumplida.

3 comentarios:

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Cuídate, José Manuel. Veo que apreciamos los mismos aspectos del Carnaval. Un abrazo.

Ula dijo...

Siempre que leo este blog (no sé por qué vuelvo y vuelvo) me encuentro con muchas abreviaturas y enigmas y siento compasión por el autor, por sus interrogaciones y sus preocupaciones.
Eres bueno, lo sabes.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bueno, aquí la única abreviatura es M.A., que es mi mujer. No hay más misterio, querida amiga. Veo películas, leo libros, tengo achaques, paso el rato. Como todo el mundo. Un saludo.