viernes, marzo 12, 2010

DELIBES

De camino al trabajo oigo en la radio la noticia de la muerte de Miguel Delibes. Algunos andaban anticipando ya la necrológica desde ayer; y el caso es que siente uno cierta pena respetuosa por la desaparición de este escritor, que fue también, por lo que entiendo, una buena persona y un periodista ejemplar, y que ha vivido de lo suyo hasta hoy mismo, sin depender de coyunturas ni de los apoyos ocasionales que pudieran prestarle los poderes políticos o mediáticos de cada momento. Literariamente, cultivó un tipo de novela no muy frecuente en España: la que, sin renunciar a la exigencia literaria, es capaz de recabar la atención de un público amplio. Fue nuestro Somerset Maugham. Ninguna novela suya me ha decepcionado, y algunas, como El camino o Diario de un cazador, las he disfrutado intensamente. Afinando un poco más, quiero anotar dos textos suyos que llegaron a mis manos sin referencias previas y que me sorprendieron: el libro Viejas historias de Castilla la Nueva, una especie de novela compuesta de episodios muy sueltos, casi relatos independientes, deliciosamente escrita; y los artículos de caza que escribió para cierto suplemento dominical, y que yo me resistí a leer durante meses, por aversión al tema, hasta que un buen día quedé atrapado por su prosa alada y exactísima.

Hace apenas un par de días me contaba M.A. lo que le decía un conocido a propósito del éxito de Pérez Reverte: "¿A quién teníamos antes? ¿A Benet?". M.A. estuvo tentada de nombrar a Juan Marsé. Pero yo, sin hacerle de menos al escritor barcelonés, me acordé de Delibes. Parafraseando al interlocutor de M.A., podríamos decir: "Después de Delibes, ¿quién nos queda?"

7 comentarios:

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

La pregunta final es un tanto desoladora. Suscribo tus palabras, José Manuel.

Miki dijo...

Realmente esta mañana lo comentaban todos los medios de comunicación, alabando su perfil como alguien excelente.

No dudo para nada de su profesionalidad, más aún cuando Felix Madero estaba mañana lo comentaba y le dedicaba unas bonitas palabras.

Un grande que se nos va.

Paco Gómez Escribano dijo...

Desde luego es una pérdida irreparable. Afortunadamente nos queda su legado literario. Y en esta España incierta, tenemos la suerte de tener a un buen puñado de escritores que, aunque no podrán sustituir a Delibes, que es insustituible, nos ayudarán con sus libros a llenar el vacío que nos deja este ilustre vallisoletano.
Un abrazo.

Juan Pablo López Torrillas dijo...

Se ha ido un caballero de las letras honrado, leal y fiel consigo mismo. Los que empezamos a escribir tenemos mucho que aprender de D. Miguel, descanse en paz.

José María Pérez Collados dijo...

En un telediario, he escuchado a la gente gritar al paso del féretro: "maestro, maestro".

marinero dijo...

Respecto a lo de Pérez Reverte, en la pregunta parece haber una cierta confusión entre el éxito de ventas y la calidad literaria, que son dos cosas no sólo diferentes, sino a menudo incluso opuestas.

En una entrevista con Antonio Tabucchi publicada en La Vanguardia (puede vérsela en la edición digital del periódico), se cuenta lo siguiente:

"Tabucchi no escribe pensando en un lector concreto y, en su opinión, "cuando se escribe es imposible pensar en un tipo ideal de lector, al menos haciendo literatura; es diferente con los autores de 'bestseller', que probablemente piensan en un tipo de lector específico y son sensibles, por ello, a los consejos de los consejeros de mercadotecnia".

Al hilo de estas palabras, Tabucchi ha contado, como si fuera un relato, su encuentro en verano del 93 en una población estival de la Toscana, cuando escribía "Sostiene Pereira", con un asesor de mercadotecnia de librerías, a las que orientaba, como si se tratara de la moda, sobre qué tipo de novelas serían las más leídas en la siguiente temporada.

"Cuando, a las preguntas del asesor, le dije que no tenía trama, que había un personaje principal, y que era gordo, viudo, cardiopático, infeliz y viejo, me dijo que un libro así no lo leería nadie", ha señalado."

El "asesor de mercadotecnia" metió la pata en su oficio: no detectó un libro que tenía, y lo demostró, grandes posibilidades comerciales. Pero no metió la pata en su juicio del libro: no pertenecía, tal como Tabucchi (sin mentir) se lo describe, a las "cosas que se venden".

Meter en el mismo saco a Pérez Reverte, Juan Marsé, Benet o (finalmente) Miguel Delibes, que tan poquísimo tienen que ver entre sí, parece indicio de una confusión importante. En cualquier caso, la diferenciación básica es, repito, la de "libros de éxito" / "libros de calidad". Hay objetos con forma externa de libro, pero que no tienen nada, o tienen poco, que ver con la literatura. Como dice Joubert, y termino, "el arte no tiene nada que ver con semejantes libros. Hay que abandonarlos al comercio".

Mery dijo...

Teniendo en cuenta que Pérez Reverte no es de mi agrado en absoluto, y a sabiendas de que ni merece la pena la comparación entre ambos, efectivamente ¿quién nos queda después de Delibes?