miércoles, marzo 03, 2010

EL ARTÍCULO DE S. DE T.

En ese mismo trayecto en tren leí en El País un artículo de Suso de Toro que me resultó inesperadamente divertido. Más que artículo, era un conjunto de notas deshilvanadas en torno, entendí, a la crisis del mercado editorial, lo poco que venden los novelistas españoles y la incertidumbre aparejada a la irrupción de las nuevas tecnologías en el mundo del libro.

El autor parecía congratularse de las buenas perspectivas con que algunos autores de su generación comenzaron su andadura editorial en la década de los ochenta, cuando un sector de la crítica y algunos medios de comunicación andaban empeñados en promocionar una presunta nueva narrativa española; lo que, unido al fenómeno de los anticipos desmesurados que por esa época empezaron a ofrecer algunas grandes editoriales, aseguró un impensado estatus de elegidos para la gloria a un puñado de escritores jóvenes. El articulista da a entender que esas prometedoras primicias no han dado los frutos apetecidos, y lo atribuye a un rosario de causas: a las deficiencias del sistema educativo, que aún no ha proporcionado un número suficiente de generaciones de lectores; a los nacionalismos, que han perjudicado la creación de un mercado literario de ámbito estatal; a "la derecha" centralista, que ha contribuido a ese despego de la periferia, etc.

Lo que no dice es que a lo mejor ese prometedor boom tenía los pies de barro, porque consistió en que las editoriales apostaran arbitrariamente por un cierto número de autores que quizá no fueran los mejores, o no tuvieran las características adecuadas para lo que se esperaba de ellos; y, al hacer esa apuesta, frustraron las perspectivas de muchos otros que, en un mercado desorbitado, no encontraron valedores. Y el caso es que eso sucedía en una época, los ochenta y primeros noventa, especialmente prometedora en lo que a literatura se refiere, porque en esos años fueron muchos los lastres que cayeron y muchas las voces que reclamaron una manera distinta de entender la creación literaria, libre de cortapisas ideológicas y de apriorismos estéticos. Esa potencialidad de la joven literatura de entonces quedó ahogada por la política editorial a la que antes aludíamos; y, como no hay operación comercial de envergadura que no busque amparo en el poder político del momento, en la que aquí comentamos también quedó gravemente comprometida la independencia de muchos escritores.

La literatura "de autor" siguió adelante, evidentemente. Y lo que parece haber quedado definitivamente estancado, como este articulista reconoce, es ese montaje político-editorial. Y es natural que algunos de los destacados de entonces, como el propio articulista, no se expliquen por qué no venden una escoba y atribuyan su fracaso, como los malos cineastas, a los fantasmas de la competencia externa y a las nuevas tecnologías.

Hoy por hoy, esas tecnologías sustituyen el antiguo fermento que para los autores de antes suponían las revistas literarias -ahora casi inexistentes- y las pequeñas editoriales -a muchas de las cuales ahogó o desnaturalizó el desbordamiento del mercado-. Y lo verdaderamente preocupante es que voces tan autorizadas como las de este articulista tan cercano al poder clamen contra ellas: seguramente lo que quiere dar a entender es que haría falta algún tipo de regulación restrictiva, o que se limitase la expansión de un futuro mercado editorial vinculado a la descarga directa de libros y a los nuevos medios. No lo conseguirá, porque no se pueden poner puertas al campo. Y fue su declaración de impotencia, en fin, lo que me alegró, después de todo, esa larga tarde pasada en un Talgo, de vuelta a casa.

2 comentarios:

José María Pérez Collados dijo...

Me hace mucha gracia que comentes este artículo que yo también leí, y que me pareció descabellado, sobre todo y al margen de lo que comentas, por el desconocimiento (interesado) que el amigo Suso del Toro demostró tener de la realidad editorial actual que pretendía analizar.
Hoy en día hay dos tipos de editoriales: Las que cuentan con mayor visibilidad son las industriales (que editan novelas de presentadores de televisión, actores, Susos del Toro etc, amén de buenos libros también, por supuesto), y que tienen la política de inundar de títulos las librerías, para hacer desaparecer toda competencia. Pero al lado de estas editoriales están las conocidas como editoriales independientes (que son muchas), y que si bien lo están pasando bastante mal, están logrando hacerse cada vez más con el lector auténtico de literatura (que en ningún caso es un consumidor pasivo, ni lelo).
El hecho es que si diez títulos de editoriales independientes venden quinientos libros cada una durante un mes, esos cinco mil libros ya no los vende Planeta, por ejemplo. El amigo Suso desconoce esta realidad de la editorial independiente (que es maravillosa), que constituye una defensa del libro "de autor" y del libro "español", que según Suso está en crisis.
Se podría enviar a El País un articulo de rectificación a ver si lo publicaban. Pero habría que tener tiempo, y el poco que sobra lo dedicamos a leer buena literatura, buenos blogs y, sobre todo, a escribir una novela que, por supuesto, intentaremos publicar en una editorial independiente de esas que no conoce Suso del Toro

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Excelente apostilla, José María. Evidentemente, el refugio de la literatura de autor son las editoriales independientes. Algunas de ellas, como digo, sufrieron el embate de la mercantilización que se dio a principios de los noventa. Pero la nómina se ha renovado, han aparecido otras nuevas y el panorama, con dificultades, sigue siendo esperanzador. Un saludo.