jueves, marzo 25, 2010

LA MUJER DEL AÑO

Lo único que merece la pena conservar de ciertos días es lo aparentemente accesorio: un matiz de la luz, un rasgo de alguien con quien te has cruzado por la calle, una predisposición que luego se queda en nada... Es lo que uno intenta trasladar a este cuaderno. Por más que, cuando me siento ante él, muchas veces esas impresiones permanecen borrosas, o recluidas en un segundo plano del que no siempre es fácil sacarlas. Es difícil incluso reconocer los propios sentimientos. El de vergüenza ajena que me asaltaba ayer a ratos mientras veía La mujer del año, el alegato antifeminista de George Stevens, ¿nacía de alguna oculta predisposición mía a la corrección política, hasta ahora nunca reconocida? Tal vez de todo lo contrario: de que, por considerar muy acertados los pormenores concretos de la historia (la de un matrimonio que está a punto de fracasar porque uno de sus integrantes -en este caso la esposa- se ha embarcado en un tren de vida mundano absolutamente incompatible con el mantenimiento de una esfera de privacidad mínimamente preservada), me parecían abusivas las generalizaciones a las que el director y/o los guionistas pretendían conducirnos. Yo miraba de cuando en cuando a M.A., intentando apreciar en ella algún gesto de ironía hacia mi interés por ver esa película. Por suerte, estaba muy cansada, y a duras penas conseguía mantener los ojos abiertos. Así que este ramalazo feminista que me ha dado de pronto no tiene más testigo que mi propia conciencia. Para conjurarlo, diré que, en todo lo demás, la película me parece excelente. Y que, si la abstraemos un poco de su época, en la que el flanco femenino de la situación era el más propenso a la caricatura, ésta resulta aplicable a toda una clase social: lo que podríamos llamar la burguesía liberal con ínfulas progresistas. Pero a ver quién se atreve a proponer esta película para un cinefórum.

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