martes, abril 20, 2010

ASTENIA

Digan lo que digan, es imposible no sentirse secretamente halagado por la visita de ese mal del alma que llaman "astenia primaveral". Es como si te hubieran hecho socio del club que cuenta entre sus miembros a las plantas que florecen y a las bestias que sienten la llamada del celo o la pulsión de regresar del continente al que emigraron durante el invierno. Sí, el afectado se siente algo alicaído. Pero, también, inesperadamente abierto a fuerzas que te superan, que restan protagonismo a nuestra desmedida individualidad y, a la vez, dan sentido a nuestros actos, al inscribirlos en un plan mayor. Y conste que no lo digo por mí, sino por la muchacha que esta mañana me hablaba de inexplicables languideces, de una cierta propensión al desmayo, de un cansancio intraducible... Como una damisela de otro siglo, sí, pero en estos despiadados comienzos del XXI, que tan poco crédito conceden a estas cosas.

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Le pregunto a M.A. que cómo es que le gusta Mishima y, sin embargo, nunca le ha llamado la atención Jünger, por ejemplo, que tantas cosas tiene en común con este japonés pasado de rosca (la noche anterior hemos visto la película que le dedica Schrader). Y la respuesta implícita en su modo de soslayar la cuestión es ésta: a Mishima lo encontré al final de un camino que he decidido recorrer por mí misma; y a Jünger, por así decirlo, lo encontré en la calle.

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Preliminares del nuevo libro. Uno cuida los detalles de sus primeros pasos, aun a sabiendas de que a lo máximo a que se puede aspirar, en este terreno, es a renovar un rito ya más o menos consolidado entre una veintena de amigos. No cabe aspirar a más. Ni siquiera a que te "descubran" nuevos lectores, o a que entre ellos pudiera estar quien te diera la bendición definitiva -lo que, al fin y al cabo, resultaría incluso humillante a estas alturas-. No: el ritual de siempre. La recepción ilusionada de los primeros ejemplares, con su olor a tinta nueva. Los envíos de rigor, ya por pura rutina. La presentación o presentaciones. Alguna tibia reseña, aquí o allá. Y a otra cosa.

7 comentarios:

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Lánguido y tristón ando yo, amigo. Será la primavera, la astenia, el final de trimestre, que no es tal, o las noches en las que le privo al sueño de horas y las entrego a lo que me gusta. Ya sabes, leer, ver cine, escribir, asomarme a la terraza y ver el cielo negro, que se escapa.

Eduardo Flores dijo...

Perdóname que te diga, José Manuel, que noto cierta tristeza al final de esta entrada en lo referente a la publicación de tu próximo libro, como una pesadumbre mal disimulada. No sé si también debido a esa astenia primaveral o a quién sabe qué, me he contagiado de ello. Casi me atrevería a decir que me ha abandonado el ánimo para ponerme a escribir. Ya empecé con la novela aquella que te comenté cierto día, no sé si lo recuerdas, y bueno,... muchas dudas, inexperiencia...

Un saludo,
Eduardo Flores,

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Sí, debe de ser la astenia. Un saludo a los dos.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Mishima fue un personaje muy atractivo para mí en cierta época de juventud cuando leí algunos de sus libros; su ambigüedad, su sacrificio, y el "envoltorio" japonés era muy atrayentes. Disfruté mucho leyendo "Mishima o la visión del vacío" de M. Yourcenar, donde revelaba las claves del personaje desde un punto de vista literario, y su ambición de construirse (fruto de un ego enorme y herido, inseparable de una acerada lucidez) a sí mismo como personaje.
Algunos esperamos sin astenia tu nuevo libro.
Un abrazo.

marinero dijo...

Yo he publicado hasta la fecha cuatro libros de poemas -y alguno más de otras cosas-, todos ellos salvo el primero en alguna de las cuatro editoriales de poesía más importantes. Algunos de los críticos y poetas también más importantes (y conocidos) de este país me han calificado repetidamente con términos que me daría vergüenza repetir; el de "maestro" es sólo el más frecuente.
No obstante todo eso, mi trabajo -y mi persona- no tienen existencia oficial alguna. Jamás me han invitado a un congreso de poesía ni (con una sola excepción, hace ahora seis años) a ninguno de los "bolos" típicos del oficio. Cuento todo esto sin acritud: simplemente es así. Lo acepto, sin más.
Un poema, un solo verso que me parezcan mínimamente logrados no sólo compensan de sobra todo eso, sino que son -y no tengo ninguna duda al respecto- infinita e incomparablemente más importantes.
"Yo no soy nadie ni nada más que un trabajador enamorado de mi trabajo, y en él encuentro mi recompensa", dijo alguien cuyo nombre no necesito recordar a JMBA. Para mí, ésas palabras siguen siendo hoy tan verdaderas, y tan ejemplares, como cuando se escribieron.
Un saludo, y ánimo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Entiendo lo que dice. Pero tampoco quiero dar una impresión excesivamente quejubrosa: sólo pretendía dejar constancia de uno de los momentos de escepticismo que anteceden la recepción de un nuevo libro. También hay, lo reconozco, momentos de euforia, aunque éstos son menos y vienen ya contrastados con el saber que dan los años.

Por cierto, me encantaría conocer su identidad. Lo mismo he leído algún libro suyo.

Un saludo.

marinero dijo...

Es fácil que, en efecto, puedas conocer alguna cosa mía; gracias. Pero, de veras, prefiero el anonimato: sin él, mi timidez cuasi-patológica me impediría hacer comentarios como el anterior. Es sólo gracias a la protección que él me brinda que me animo a hacerlos, de modo que sólo el anonimato compensa, en mi caso, la falta de atrevimiento. O sea, que sin él no lo hubiera hecho. Perdónamelo, por favor.