lunes, abril 19, 2010

INTIMIDADES

Leo "Cuanto sé de mí", el primer poema de Cháchara, de Juan Bonilla. El autor, o la voz que habla por él, nos da su DNI, el PIN de su teléfono móvil, el número y clave de su tarjeta de crédito, las de diversas páginas de compras de las que es cliente, etc. Supongo que son datos ficticios. Pero lo que sorprende es la conclusión final: "Creo que nunca antes un poeta había puesto tanta intimidad al alcance de sus lectores". Y es cierto. La intimidad reducida a una serie de números y claves. Ésos son los datos que verdaderamente procuramos ocultar al prójimo. Y qué poco nos importa que se sepa todo lo demás (qué hacemos, qué nos gusta, con qué personas nos relacionamos y en qué términos, etc.). Incluso este diario abierto, tan recatado respecto a esas cuestiones de índole estrictamente personal, podría ser un ejemplo de la curiosa verdad que encierra ese poema.

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Lo que se relaciona con otra de las lecturas que me han ocupado este fin de semana sedentario. La de En la ciudad sumergida, de José Carlos Llop. Sus consideraciones sobre la figura del escritor que permanece en su ciudad y provincia natales, sin obtener de éstas el reconocimiento que sí se prodiga al que se marchó y triunfa fuera. Poco importa que el primero pueda gozar también de ese reconocimiento exterior: sus vecinos, sus conciudadanos y, sobre todo, sus colegas locales se lo negarán. Y no, pienso, porque vean en él a un testigo incómodo, como dice el autor; sino por algo que también tiene que ver con el exceso de intimidad. ¿Cómo reconocer, no ya la valía, sino simplemente la singularidad del vecino de al lado, al que vemos a cada momento por la calle, o en el cine, o en la parada del autobús? ¿Cómo reconocerle, sobre todo, el grado de extravagancia -e incluso de comportamiento antisocial- que supone toda actividad artística? Mejor que sea así. En el mismo párrafo menciona el autor el alto compromiso con la escritura que se le supone a quien acepta ese enclaustramiento más o menos voluntario. Un compromiso que frecuentemente conlleva no pocas renuncias. Pretender, además, que sean respetadas e incluso admiradas por todos aquellos a los que el escritor forzosamente vuelve las espaldas (a veces, sus propios amigos y familiares inmediatos) sería, sin duda, excesivo.

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Conozco a algunos que, además de tener una intensísima vida social, encuentran tiempo para escribir. No quiero pensar a qué se lo quitan.

2 comentarios:

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Tienes mucha razón, en "la curiosa verdad".

Un fuerte abrazo.

natalia_paperblog dijo...

Estimado José Manuel,

Buenos días. Soy Natalia, Responsable de Comunicación de Paperblog. Quisiera disculparme por dejarte un comentario así, pero no he encontrado otra manera de contactarte. Tras haber descubierto "Columna de humo", me pongo en contacto contigo para invitarte a conocer el proyecto Paperblog, http://es.paperblog.com, un nuevo servicio de periodismo ciudadano. Paperblog es una plataforma digital de difusión cuya misión es identificar y dar a conocer los mejores artículos de los blogs inscritos, que sino, se diluyen entre la masa de información antes de llegar a los oportunos lectores.

Si el concepto te interesa, anímate a proponer tu blog, creo que tus artículos resultarían muy interesantes para los lectores de "Cultura", que seguro admirarán tu trabajo como nosotros. Si así fuese, los contenidos serían los mismos que los tu blog, asociados al autor original : acompañados de tu nombre/seudónimo, ficha de perfil y varios vínculos hacia el blog.

Espero que te motive el proyecto que iniciamos en Enero con tanta ilusión. Échale un ojo y mientras, no dudes en escribirme para conocer más detalles.

Feliz miércoles,
Natalia natalia @ paperblog.com
Responsable Comunicación Paperblog