viernes, abril 30, 2010

PUERTO HURRACO

Quizá no tendría que haber escrito este artículo, porque supongo que los aludidos en él tienen derecho a que se les olvide, y la última noticia referida al caso –el suicidio por ahorcamiento del último de los condenados– es ya de por sí lo bastante triste. Pero hojea uno la prensa dominical y, en medio del sostenido bostezo que produce la actualidad nacional, lo único que resiste una lectura serena y distanciada es esta noticia. Ha muerto, veinte años después de la célebre matanza, el último de los asesinos de Puerto Hurraco. Todo el mundo recuerda el caso. Después de incubar durante años un odio referido a oscuros conflictos de lindes, a unos amores contrariados, incluso a la muerte nunca aclarada de la madre de los futuros asesinos, un domingo de agosto de 1990 éstos se armaron hasta los dientes y mataron a nueve vecinos de su pueblo.

Los crímenes horribles no son privativos de ninguna región o país ni de ninguna forma de vida particular. Ocurren en todas partes, y en todas partes opera el bendito instinto humano de considerar, contra toda evidencia, que esos sucesos son siempre singulares y excepcionales. Pero, en el caso de la matanza de Puerto Hurraco, la difusión de la noticia se adornó de inmediato con los tópicos sobre la llamada “España negra”. Influyó en ello, por supuesto, el entorno rural en el que ocurrió el crimen: si hubiera sucedido en una discoteca del extrarradio madrileño, pongo por caso, a nadie se le hubiera ocurrido esa generalización abusiva. También tuvo su peso el propio nombre del lugar, que parecía sacado de una novela tremendista. Y fueron determinantes, sobre todo, nuestros propios complejos respecto a la violencia inmotivada y ancestral, como si no hubiera español que no escondiera un cadáver en el armario o tuviera pendiente alguna deuda de sangre contraída por un antepasado.

No tengo yo la solución a este enigma. La propia aburridísima actualidad de la que hablaba antes ofrece ejemplos al respecto: anda medio país enfrentado al otro medio (excluida, claro está, la amplísima mayoría silenciosa, que también la hay) por el enjuiciamiento de un juez que pretendió investigar los crímenes del franquismo. De nada sirven las voces que aconsejan cordura, o las que alegan que hay otras cuestiones que considerar: han salido a relucir todos los fantasmas del pasado, y se han vuelto a invocar, como a los viejos fantasmas que movieron a los asesinos de Puerto Hurraco, a los muertos de uno y otro bando en la ya lejana, pero no olvidada ni superada, guerra civil. Todos guardamos uno en el armario, y lo sacamos gustosamente a pasear cuando la ocasión invita a esgrimirlo contra el contrario. Puede que eso explique la pervivencia de los tópicos asociados a la España Negra. Ésta reúne lo único que tienen en común las dos Españas que vociferan: un pasado sangriento.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

9 comentarios:

Ramón Simón dijo...

Admirable artículo.

Una lástima que todavía algunos personajes intenten vivir un episodio trágico de nuestra historia. Una pena que estos personajes, Pedro Almodovar, Pilar Bardem, Almudena Grande (escritora de novelas sin sentido, de fétidas frases) salgan a las calles de nuestras ciudades a manifestar lo que muchos españoles hemos olvidado, hemos pasado página. Pues como bien escribes, José Manuel, todos tenemos muertos para echar en cara al otro bando, o a ambos. Y por suerte los extremos políticos de derecha e izquierda ya no existen, no han sobrevivido al tiempo, a pesar de que algunos intenten resucitarlos.

Un abrazo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Es curioso. Yo, ya más que del crimen, me acuerdo d e las páginas de Trapiello sobre el mismo, y sobre los efectos perniciosos de la Fanta caliente. La memoria, que ya se sabe que es selectiva.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Muy bien expresado, José Manuel. Hay que reivindicar la tercera España, la única que nos permitirá, si la dejamos, crecer en democracia.
Un abrazo.

Ramón Besonías dijo...

El recuerdo de la masacre de Puerto Hurraco tiene más una intención morbosa que informativa. Aún vende la negritud de España, el descrédito, el insulto, la calumnia, el exceso en definitiva. El sentido común es aburrido y repele las audiencias.

Enhorabuena por tu blog. Por si tienes tiempo, el mío:

http://lamiradaperpleja.blogspot.com

Olga B. dijo...

Para que esa tercera España crezca, hace falta que cada uno se trague parte del dolor y no que lo saque a pasear un día sí y otro también como si los demás no hubiesen sufrido o no hubiesen pasado setenta años, pero también hay que tener un mínimo de generosidad para reconocer que se pueden investigar los crímenes, que ya ha pasado el tiempo y los vencidos no tuvieron las mismas oportunidades que los vencedores. No veo esa generosidad, se pide silencio y paz sin más y se simplifica y se insulta con la cantinela de que sólo se quieren resucitar odios. Yo creo que hay que recordar, pero con honestidad, ni llevando a gala un victimismo que, queramos o no, ya no es nuestro, ni diciéndole a mucha gente (y no toda pretende hacer circo) que no recuerde a sus muertos. ¿Le diríamos al padre de Marta del Castillo que hay mucho paro en España y que eso es lo importante? ¿Se lo diríamos a las víctimas de ETA? Tal vez sean ese tipo de actitudes las que enquistan los rencores, lo mismo que estuvo en la base de la tragedia de Puerto Hurraco: el rencor que parecía silenciado pero estaba creciendo, alimentándose de razones y mezquindad.
Hubo vencedores y vencidos. Ya no debería haberlos, ojalá ninguno lleváramos ya ese sello en la frente. Pero no soy nada optimista.
Saludos.

Jose dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
marinero dijo...

Felicidades a Olga B. por su actitud, que encuentro de veras lúcida y sensata. (La supresión anterior es por un error mío; lo siento).

Anónimo dijo...

Si no nos tragamos todos,sin expeción,nuestra parte de dolor esto resultara insuperable.Todos hemos de contribuir..quizas seas ya hora de empezar a callarnos todos e intentar hacer un ejercicio de amnesia que permiota a nuestros hijos superar el rencor y el odio que todavia subyace.Porque.."de lo que no se habla,...es que no existe ".Todos tenemos muertos en el "otro" bando...Y entre los venciods elpueblollano paso hambre...,entre los vencedores lo paso también. Debemos pasar página,mal que nos pese, e intentar cimentar las bases de una Cultura del dialogo y del sentido común...mal que la clase politica no contribuya mucho a ello.También opto por la tercera España y dejemos a nuestros,mutuos,muertos tranquilos y aprendamos de una puñetera vez la lección.

Anónimo dijo...

Si no nos tragamos todos,sin expeción,nuestra parte de dolor esto resultara insuperable.Todos hemos de contribuir..quizas seas ya hora de empezar a callarnos todos e intentar hacer un ejercicio de amnesia que permiota a nuestros hijos superar el rencor y el odio que todavia subyace.Porque.."de lo que no se habla,...es que no existe ".Todos tenemos muertos en el "otro" bando...Y entre los venciods elpueblollano paso hambre...,entre los vencedores lo paso también. Debemos pasar página,mal que nos pese, e intentar cimentar las bases de una Cultura del dialogo y del sentido común...mal que la clase politica no contribuya mucho a ello.También opto por la tercera España y dejemos a nuestros,mutuos,muertos tranquilos y aprendamos de una puñetera vez la lección.